Una republicana del PP en la corte del Rey Juan Carlos

Cristina Cifuentes, delegada del Gobierno en Madrid, al parecer es republicana de sentimiento. Cada vez los hay más. Pero, como representante del gobierno “respeta, acata y asume la monarquía constitucional”. Como millones de españoles que se declaran no monárquicos sino juancarlistas. Con todo el riesgo que hoy tiene la adhesión a la persona y no a la Institución.

Así lo ha reconocido ella cuando ha declarado que “no es un buen momento para atacar a la figura del rey”. Pienso que nunca debe haberlo.

Bastante tiene ya el soberano con los problemas que su yerno y su hija le están creando. Jamás se había pensado que el “tendón de Aquiles” de su vida iba a ser la familia. Y no solo los duques de Palma. También la infanta Elena con su divorcio y hasta la reina tomando partido por el yerno imputado.

Por ello, estoy totalmente de acuerdo con la delegada del Gobierno. No solo no es un buen momento sino que hay que apoyarle y defenderle. Lo del caso Urdangarin puede dañar a la Institución, a la Familia Real y al propio rey, mucho más que el 23F que no fue, en modo alguno, contra Su Majestad sino otra cosa que algún día se sabrá. Mejor no tocarlo hoy.

La bella delegada gubernamental piensa como muchos jóvenes y no tan jóvenes que “la más alta institución política del país pudiera ser elegida por votación”. Pero se olvida que la forma de Estado de España es una monarquía parlamentaria. Aunque no fue elegida por los ciudadanos si estaba incluida en la Constitución votada en 1978 por todos los españoles.

En mis conversaciones con estudiantes de los colegios mayores de la ciudad universitaria de Madrid, donde vivo, me han hecho saber, en más de una ocasión, que no están en contra ni de la monarquía ni de don Juan Carlos pero no entienden que, en pleno siglo XXI, el hijo herede de su padre no el trono sino la Jefatura del Estado. Sin más méritos que ser quien es. Según ellos, esto atenta a los principios fundamentales de la democracia.

No hay duda que esta delegada del Gobierno los tiene bien puestos. No como su antecesora que “prefirió mirar hacia otro lado y no aplicar la ley”. Sobre todo en la ocupación de la Puerta del Sol, la primera plaza de España. No me cabe la menor duda que no le temblará el pulso a la hora de tomar decisiones para que la ley se cumpla.