Las obviedades del Rey por culpa de la hija y el yerno

No me cabe la menor duda que don Juan Carlos debe estar sufriendo, como el que más, por culpa de los problemas de su yerno con la justicia. Es la primera vez que un miembro de la Familia Real acude como imputado para responder ante un juez de graves acusaciones que pueden acabar sentándole en el banquillo si es que Su Señoría encuentra indicios de delito para procesarle. El sufrimiento de Su Majestad es triple. Como Jefe de la Familia, como padre de la Infanta Cristina y como abuelo de cuatro nietos. A pesar de todo esto, antepuso su obligación como rey a sus sentimientos, reconociendo que “cualquier actuación censurable debe ser juzgada y sancionada con arreglo a la ley” porque “la justicia es igual para todos”. Solo le faltó poner nombre y apellidos. No hacía falta. Todos supimos de quien hablaba. Esa Nochebuena, el rey “entregó” a Iñaki Urdangarin a los leones. Como el rey Alberto de Bélgica a su hijo Laurent con un decreto real para que fuera llevado a los tribunales. España entera se sintió orgullosa de su rey y solidario con su sufrimiento. Pero el 27 de diciembre y después de su discurso en Las Cortes, en un encuentro con los periodistas, se retractó reprochándoles “se hubieran personalizado exclusivamente las críticas”. ¿Por presión de su hija Cristina pidiendo clemencia para su marido ó fue el propio rey que quiso echarle un cable al yerno? Ítem más: el pasado jueves, 3 de febrero, en un discurso en la Federación de Colegios de Abogados de Europa en Barcelona, tuvo especial interés en dejar muy claro “el derecho de defensa del que deben de gozar todos los ciudadanos”. Otra obviedad como que la justicia es igual para todos. Aunque la bellísima portavoz del Consejo General del Poder Judicial, Gabriela Bravo, señalara que “no todos los imputados son iguales”, comentario que fue desmentido por dos vocales de dicho Consejo. Iguales ó no, las medidas que se están tomando para el próximo día 25 son excepcionales “derivadas de la dimensión mediática del asunto”. De todas formas, nadie niega la presunción de inocencia de Iñaki, a pesar de ese “comportamiento no ejemplar”, como lo calificaba el Jefe de la Casa de Su Majestad, Rafael Spottorno, el 12 de diciembre pasado, sin esperar se demostrara si sus actitudes han sido ó no ejemplares.

Para acabarlo de arreglar, un juez del Tribunal Supremo, José Manuel Soriano, ha declarado que la infanta Cristina debería ser citada por el juez. “Ello contribuiría a que los ciudadanos creyeran en la justicia”. Pero ¿qué juez se atrevería? No ya como imputada. Ni tan siquiera como testigo.

De todas formas, el viaje de la duquesa de Palma a Barcelona “por motivos profesionales” lo ha aprovechado para entrevistarse, por vez primera, con el abogado de su marido e intentar ver a su padre, después de más de tres meses. La última vez, el 12 de octubre pasado, Fiesta Nacional. Con tal motivo, se trasladó el día 9 a Madrid.

No ha debido ser fácil ese reencuentro que el Soberano no deseaba pero el padre sí. Delicada y dolorosa dicotomía la de don Juan Carlos, difícil de conjugar. ¿Devoción u obligación? La reina eligió los sentimientos. Así le va. Se ha quedado sola.