Los consuegros reales

La reina doña Sofía visitará hoy, oficialmente, Vitoria, declarada Capital Verde de Europa.

Esta visita ha despertado mucha curiosidad mediática por el morbo que supone la presencia de la soberana en la tierra de su yerno Iñaki donde, además, reside toda la familia Urdangarin, que está viviendo la peor época de su vida. No solo por los escándalos de su hijo sino por la grave enfermedad del patriarca. Se especula sobre un posible encuentro de la reina con sus consuegros, encuentro que, posiblemente, no se realizará. Estaría más justificado que el polémico posado con el yerno en Washington.

Pienso que mientras Iñaki y Cristina no se divorcien y sigan siendo marido y mujer, los Borbón y los Urdangarin están condenados a ser familia, política pero familia. Como los Ortiz Rocasolano. Los de Marichalar se los llevó el divorcio ¡Qué frágiles resultan estos parentescos surgidos a la sombra del tálamo nupcial!

Contemplando las fotografías tomadas el día del anuncio oficial del noviazgo con las respectivas familias de los novios, tan felices y sonrientes, como si se conocieran de toda la vida ¡que falso resulta todo hoy!

Pienso que el único que siempre ha mantenido el tipo, en ese momento y después, ha sido don Juan Carlos. Sobre todo, en los posados de los noviazgos de Cristina y Felipe.

En el primero, porque la infanta le amenazó con irse a vivir con Iñaki si no daba su aprobación a la boda. En el segundo, más de lo mismo: esto es lo que hay. O lo tomáis ó lo dejo todo. Además la nuera nunca le gustó. Ni le sigue gustando, según Pilar Eyre en su libro “La soledad de la reina”.

Cierto es que doña Sofía se ha esforzado siempre por ayudar en los matrimonios de sus hijos. Ya se lo dijo a Pilar Urbano cuando ésta le preguntó qué haría si el príncipe y las infantas decidieran casarse con quienes quisieran aunque no fueran con quienes debieran: “Ayudar para que esto funcione”.

La verdad es que no ha tenido mucha suerte. Ello no debía ser obstáculo para que la relación con los consuegros se mantuviera. Sobre todo en circunstancias tan dramáticas como las que viven los Urdangarin.

Todo el mundo entendería que, en esta visita a Vitoria, antepusiera sus sentimientos de consuegra a sus obligaciones de reina.