“Tan machote como su padre”

El día 30 de enero de 1968, en el vestíbulo de la clínica de Nuestra Señora de Loreto, ya desaparecida, sólo se encontraba una docena de periodistas, entre ellos el autor de esta columna. Todos brindamos, junto al feliz padre, con una copa de sidra El Gaitero. Para dar una idea del conocimiento popular que los españoles tenían del entonces príncipe, basta recordar que el pié de la fotografía, tomada en ese brindis y distribuida por la agencia Europa Press, explicaba quién era quién en la España de Franco: “Don Juan Carlos de Borbón (mirando a la cámara) brinda con los periodistas asistentes a la rueda de prensa en la que anunció que a su primer hijo varón, nacido esta mañana, se le impondrán los nombres de Felipe Juan Pablo Alfonso. (Telefoto Europa Press).

Si analizamos este simple pié (no tan simple) llegamos a varias conclusiones. En primer lugar, que el hoy rey de España no era entonces un personaje excesivamente conocido por los españoles. Fue necesario llamar la atención del lector para que supiera que el príncipe era quien miraba a la cámara. Lo segundo y más importante que contradice lo que cuenta López Rodó en sus memorias sobre que “a los dos días del nacimiento fue el príncipe a El Pardo para concretar los detalles del bautizo y hablar de la elección del nombre”. Este comentario del exministro y destacado miembro del Opus Dei está en franca contradicción con el citado pié de la foto de Europa Press, transmitida el mismo día y a las pocas horas del nacimiento del primer hijo varón y heredero de don Juan Carlos quien, como queda reflejado en el texto, ya sabía los nombres que iba a imponer a su hijo.

Ese día 30 de enero, doña Sofía entraba en la clínica por su propio pié, como lo había hecho en las anteriores ocasiones. A las doce de la mañana, descendía de su habitación para dirigirse al paritorio, acompañada de su esposo y de su madre, la reina Federica. Treinta minutos después, daba a luz.

Aunque la expulsión duró exactamente veinte minutos, la hora ha quedado registrada a las 12:45. Resulta fácil de imaginar la tensión y el nerviosismo que se vivieron en esta ocasión. Y la indescriptible alegría que se apoderó tanto de don Juan Carlos como de la reina Federica, cuando vieron, con sus propios ojos, que el recién nacido era el esperado varón, el ansiado heredero.

Resulta curioso conocer la preocupación que el general Franco sentía ante este acontecimiento.

Esa preocupación se puso de manifiesto en la pregunta que le hizo al príncipe cuando éste le telefoneó al palacio de El Pardo, a los pocos minutos, para informarle.

– ¿Ha sido machote?, preguntó Franco.

– Sí, mucho, mi general, como su padre, le contestó el príncipe.

Dicen que solo le preocupaba saber eso, que había sido varón. Incluso se olvidó de preguntar por la madre.

El 22 de julio de 1969, tendríamos la explicación: ese día, con la existencia ya del heredero del heredero, nombró a don Juan Carlos sucesor suyo a título de rey.

Al día siguiente del nacimiento, ABC recogía el acontecimiento con una portada de profunda intención política. Aunque la fotografía que la ilustraba era la de los felices padres, el pié de dicha imagen iba por otros derroteros: “Primer nieto varón del Conde de Barcelona”.

Qué lejos estaban ABC y el propio don Juan de Borbón de saber que, desde ese mismo día 30 de enero de 1968, comenzaba la cuenta atrás para apartarle definitivamente de la línea natural de sucesión al Trono, del que era el único con legitimidad histórica, legitimidad recibida de quien podía otorgarla en su día: su padre, el hasta entonces último rey de España Alfonso XIII.

– ¡Estoy contentísima! ¡Imaginaos! ¡Después de dos niñas seguidas, nos ha nacido el varón!, dijo doña Sofía.

Y no dijo un varón sino “el”, el niño de todas las quimeras, de todos los sueños. ¡He aquí el mañana que reina en España!, pensó la princesa tomando entre sus brazos a aquel infante que solo lo era por ser niño y no hijo ni nieto de rey, por más que ABC intentara que lo fuera.

Ignoro si don Juan Carlos tenía ya preparada esa frase lapidaria para tal ocasión. Fue su primera declaración institucional: “Desde hoy España tiene un servidor más”.