Las indiscreciones de Letizia

El comportamiento de Letizia durante la reciente visita oficial del príncipe Felipe a Chile ha demostrado, una vez más, que la muchacha va por libre. Como si ella fuera la titular del Principado y no la consorte.

Si en la Casa Real no hubiera ya bastantes problemas, algunos tan graves como los de Urdangarin, las inoportunas declaraciones de Letizia, durante la visita al Museo de Arte Contemporáneo de Santiago, han demostrado su falta de sentido de la medida, de la discreción y de la oportunidad. En suma, de sentido común.

¿Cuándo le van a explicar que estando presente el príncipe, en un acto oficial, el protagonismo sólo es del heredero? ¿Se ha visto alguna vez a doña Sofía “tapar” la imagen del rey con declaraciones en actos presididos por el soberano?

En esta ocasión, como en casi todas, ha fagocitado al príncipe, se ha merendado su protagonismo y sólo se habla de ella (Consuelo Font dixit).

No es para menos. ¿Quién le mandó ponerse a discutir sobre matrimonios homosexuales y sobre aborto en España, en una visita oficial al extranjero?

¿No sabe Letizia que el nuevo Gobierno del PP, salido de las urnas en las recientes elecciones generales, no se ha comprometido, hasta la fecha, a mantener las vigentes leyes tal y como están?

Ítem más: ¿no sabe ella que a la reina tampoco le gusta el aborto ni el matrimonio entre gays? Tampoco a muchos votantes del PP.

Son ganas de cabrear a la suegra, al Gobierno y a muchos de los que le han votado, opinando sobre cuestiones polémicas o, cuando menos, controvertidas.

Con lo fácil que era decir: “De los problemas de mi país, yo no hablo en el extranjero”. Tampoco debe hacerlo en España. Ni tan siquiera para criticar a los pijos. Entre otros motivos porque el rey, según Pilar Urbano “es pijo y sus amigos son pijos”.

Yo pienso que el pijo por excelencia es el príncipe, su marido. Un pijo de derechas pero discreto, a diferencia de Letizia que es indiscreta por excelencia, de izquierdas y pija también.

PD: Cuando me refiero a ella, lo hago, hoy y siempre, por su nombre. “Llámame por mi nombre de pila y no Alteza”. No me lo pidió a mí, of course, sino al presidente de la Fundación Iguales de Chile, Pablo Simonetti, el hombre que vela por los derechos de los homosexuales y con quien polemizó en el museo. Aquí en España, eso no se lo permite ni a sus amigas más cortesanas.