El tendón de Aquiles se llama Urdangarin

Nada que ver con el del rey don Juan Carlos, tan famoso desde que se lo fracturó. Gracias al doctor Villamor, todo quedó en un accidente. Pero, ¿quién soluciona el del yernísimo, acosado y acusado todos los días por presuntos delitos de corrupción y que amenaza con embarrar la imagen de la Corona?

Aunque La Zarzuela intenta desligarse del escándalo, que ha empezado a extenderse en la prensa internacional como una mancha de aceite, es poco menos que imposible.

El sujeto no es un pariente del rey ni un familiar, cuyas actividades, de la índole que sea, no tienen por qué afectar al soberano, sino un miembro de la Familia Real tan cualificado como ser marido de una infanta.

Menudo marrón le ha caído a mi amigo, Rafael Spottorno, nuevo Jefe de la Casa de Su Majestad. Admirables sus esfuerzos por mantenerla al margen de este desagradable asunto.

Se trata de la primera vez que afronta una situación en la que un yerno del monarca aparece implicado en un entramado societario para apoderarse de dinero público. Presuntamente.

Me parece muy acertado que La Zarzuela, ante este “extravío” de Urdangarin, no solo se mantenga al margen sino que le parezca lógico que el marido de la infanta Cristina se defienda como un ciudadano más y afronte las consecuencias.

Para ocuparse de todo lo que se le viene encima, el duque consorte llegó el pasado viernes a Madrid, sin la infanta, con el fin de preparar sus defensa, ante una presunta imputación, inevitable, al parecer.

Lo que no está tan claro, como se publicó el pasado viernes, basándose en información facilitada por La Zarzuela es que “solo los reyes, los príncipes de Asturias y las infantas Leonor y Sofía, tienen prohibido desarrollar un trabajo ó participar en negocios”.

Pienso que tampoco pueden las infantas y sus cónyuges, sobre todo en lo referente a los negocios, como quedó patente cuando el 18 de febrero de 2008, la Casa Real “iniciaba el proceso de disolución de la empresa” que la infanta Elena había inaugurado días antes. Lo hizo de la mano de su asesor y hombre de confianza, Carlos García Revenga, con el nombre de Global Cinoscefilos, S.L, con un capital de 3.600 euros para asesoramiento y venta de edificios o cualquier bien inmueble.

Lo más insultante de las empresas de Iñaki Urdangarin, es que fueron creadas sin ánimo de lucro. ¡Qué cara tienes, macho!