La luna de miel y la pelvis de la duquesa

El pasado miércoles, 26, Sevilla era una fiesta. Con más famosos y más prensa nacional y extranjera que en la feria ó en la Semana Santa.

Los Reales Alcázares se encontraban tomados por los periodistas como el día en que se casó la infanta Elena que salió de este palacio para casarse en la catedral.

El motivo no era para menos: a las 20:00 horas, la duquesa más duquesa del mundo, la sevillana universal presentaba sus memorias, “Yo Cayetana” (Espasa). Iba a ser su gran día después del de la boda.

Mientras el momento llegaba, la duquesa velaba las armas en el palacio de Las Dueñas, donde venía disfrutando de su luna de miel junto a Alfonso, el consorte ducal.

Sorprendentemente, a la mesa, ese día, solo cuatro comensales: los anfitriones, Cayetana y Alfonso, y un matrimonio que, increíblemente, no era Carmen Tello y Curro Romero sino Javier Saavedra, su abogado, y Angus, la esposa de éste.

Tras el aperitivo, el mayordomo anunció que la mesa estaba servida, como ordena el protocolo. Pero, cuando los dos matrimonios se dirigían por la galería del palacio al comedor, se produjo el accidente: la duquesa tropezó con una alfombra mal extendida y cayó, afortunadamente, de culo. De haber sido de lado, la rotura de cadera hubiera sido inevitable.

En caliente, los golpes casi no se sienten. Por ello, pasado el susto ¡menudo susto! todos se dispusieron a comer. La conversación, durante la comida, fue muy animada y Cayetana comió con el apetito de siempre.

Además, la alegría no era para menos: el señor Saavedra acababa de conseguir 50.000 euros para el señor duque, como resultado de una querella a Antena 3 por una información que ponía en duda la sexualidad de Alfonso.

Pero el golpe, conforme fue pasando el tiempo, dejó sentir sus efectos con un dolor creciente. Se encendieron las alarmas. Y se decidió llamar al médico.

En pocos minutos, el doctor Miguel Angel Muniaín, se personaba en Dueñas y, tras reconocer a la ilustre paciente, decidió su traslado a la clínica del Sagrado Corazón, donde ingresó a las 6 de la tarde. Allí se le realizó una resonancia que dio como resultado que la duquesa había sufrido una fisura en la pelvis.

Como resultado de este contratiempo, quedaba suspendida la presentación del libro y, como es lógico, el viaje de novios a Thailandia, aunque este lugar ya había sido desechado por diversos motivos.

Asimismo la entrega de un premio que había de recibir hoy, junto a la baronesa Thyssen, en el transcurso de una fiesta seguida de baile de máscaras. La noticia de la suspensión del acto produjo entre el público que abarrotaba los Reales Alcázares, una auténtica conmoción.

El problema se presenta ahora ya que, por consejo médico, tendrá que permanecer en absoluto reposo a pesar de que esta inmovilidad puede ser peligrosa para su salud.

Tras conocer la noticia, se personaron en el palacio de Las Dueñas sus hijos, Carlos y Fernando, así como Begoña la hermana de Alfonso, que no se ha separado ni un solo momento. La convalecencia puede ser larga.