No sólo es Ignacio, también Cristina

No nos encontramos ante un asunto de infidelidades, de cuernos, de crisis matrimoniales, separaciones o divorcios sino de un presunto delito de malversación de caudales públicos. Es la primera vez que un miembro de la Familia Real española, pueden ser dos, aparece implicado en un tema de corrupción.

No se trata de un pariente, de un familiar del rey don Juan Carlos (todos podemos tener parientes ó familiares corruptos sin que nos salpique) sino de un yerno, Ignacio Urdangarín Liebaert, y, presuntamente, de una hija, la infanta Cristina de Borbón y Grecia, como secretaria del consejo de administración de la empresa “malversadora” Aizoon.

Cuando los duques de Palma adquirieron, por seis millones de euros, el palacete de Pedralbes, supongo que don Juan Carlos se preguntaría “¿de dónde sacan para tanto como gastan?”.

No es la primera vez que me ocupo de este caso. Siempre ateniéndome a los datos sobre el trabajo que Iñaki Urdangarín desempeñaba a través de su empresa Noos, que ha resultado ser una tapadera para otros negocios. Pensaba, ingenuo de mí, que el duque de Palma era libre de fijar la cantidad a recibir por sus conferencias ó gestiones. Quien debía dar cuenta, por ser dinero público, era quien se lo pagaba por… “ser vos quien sois”: el marido de la infanta.

Es aquí donde comienza el tráfico de influencias, al utilizar su matrimonio para ganar dinero. Ahora resulta que no solo era así: al parecer, la famosa empresa Noos se utilizaba para otros fines, presuntamente, injustificados que no injustificables, con presupuestos falsos, falsas facturas, conceptos genéricos, compra de inmuebles en Tarrasa y sospecha de “importes inflados y conceptos inexistentes”.

Todo esto estalla en medio de una crisis brutal, que amenaza a todos por igual. Al parecer, a unos más que a otros.

La razón de ser de las monarquías es que sus miembros sean ejemplares ó lo parezcan. Por ello, cuando alguien que pertenece a la Familia Real, como Cristina e Iñaki, se ven incursos en un escándalo de estas proporciones, el disgusto del rey debe ser muy grande.

Es la segunda vez que un escándalo económico, protagonizado por un familiar directo con el titular de la Corona, se produce en Europa. El último, que yo recuerde, fue el príncipe Bernardo de los Países Bajos. El marido de la reina Juliana fue lo que se dice un consorte no ya ejemplar ni tan siquiera discreto. Provocó uno de los escándalos más grandes de la historia de Holanda, el escándalo Lockheed, al aceptar entre 1960 y 1962… un millón de dólares para influir en la compra de aviones, con destino a las Fuerzas Aéreas holandesas. Nada que ver con las cantidades que Iñaki haya podido recibir y que pueden superar los ocho millones de euros.

El escándalo fue tal que la reina llegó a pensar en abdicar. El Parlamento no lo aceptó pero destituyó al príncipe Bernardo de todos sus cargos, privilegios y honores, relegándole a mera figura decorativa: en realidad lo que los consortes son.

¿Cuál puede ser la actitud de la infanta Cristina ante tal escándalo? Al estar ella presuntamente implicada, difícil lo tiene. ¿Y el rey? Me gustaría saber qué decisión piensa tomar.