Con sus tres maridos… en la cama

Coincidiendo con su recentísima boda, la tercera, con el funcionario Alfonso Díez, se ha puesto a la venta un libro de memorias de la duquesa de Alba.

“Yo, Cayetana” no tiene desperdicio. Fiel a su estilo, no deja acontecimiento ni persona relacionada con su vida sin abordarlos con total sinceridad. No siempre a gusto de los protagonistas. Ya sean hijos, amores, amoríos, políticos ó celebrities.

Mucho me temo que no todos los que aparecen van a sentirse satisfechos, sobre todo Mar Flores, a quien recuerda con dolor. “Fue un espanto, una espiral que nos agarró a todos. Fue la mayor locura de mi hijo Cayetano y uno de los episodios más desagradables de esta casa”.

Cayetana, a diferencia de Letizia Ortiz, no reniega, en ningún momento, de su pasado, uno de los mayores errores que puede cometer un ser humano. Como diría el conde de Barcelona, el pasado siempre es presente y quien se arrepiente de haberlo vivido, lo más seguro es que se aburra del que vive.

Shakespeare decía que el pasado es un prólogo de nuestra vida, el prólogo de un libro de la que muchos solo conocen el título. Con esta obra, Cayetana desvela el contenido de su vida incluso íntima.

No solo con la noticia de que a punto estuvo de ser madre con Jesús Aguirre, “perdí el hijo que esperaba montando a caballo en el campo”, sino que recuerda con amor a todos sus maridos hasta el extremo de “dormir” con los tres. En la cabecera de su cama no solo tenía y sigue teniendo los retratos de sus dos maridos anteriores (Luis Martínez de Irujo y Jesús Aguirre) sino que “también pondré el de Alfonso. ¡Como debe ser! Los tres son parte de mi vida. Yo no rompo mi pasado por mi presente”.

La duquesa de Alba, mi querida Cayetana, sabe que el pasado es una especie de lámpara puesta a la entrada del porvenir para disipar las tinieblas que lo envuelven. Y, como dijo alguien, es un error y una perversidad humana olvidar el pasado porque, por lo general, está hecho de cenizas.

A determinada edad, lo importante no es eso de “por mucho tiempo”, “para el resto de nuestra vida”, “para siempre” sino el “ahora”, la hora presente es lo que hay que vivir. No lo digo yo. Lo decía Hemingway.