A mi amigo Rafael Spottorno

Junto con el bikini de Letizia, el nombramiento de Rafael Spottorno, como nuevo jefe de la Casa del Rey, no de la Casa Real como dicen muchos ignorantes, ha sido la noticia de este verano. Un verano en el que parece no pasar nada cuando nos estamos hundiendo. Los únicos afortunados que se ven flotar navegando en el Fortuna, una provocación, son los ‘royals’ españoles.

Todo para que la consorte y los niños se bañen lejos de la curiosidad mediática, protegidos por un cordón de seguridad de ochenta miembros de la policía nacional. A pesar de ello … clik, clik, clik … ¡Toma ya! Y encima se enfadan. Como dijo Fernández Ordóñez, el bueno, que no Mafo, si no quieres que te cojan en bolas, no te pongas.

Pero volvamos a lo importante: el nombramiento de mi amigo Rafael Spottorno quien, a pesar de su inteligencia, hace realidad el dicho de que el hombre es el único animal, con perdón, que tropieza dos veces en la misma piedra. Ya estuvo en la Casa, como Secretario General, desde 1993 hasta septiembre del 2002. Nada menos que casi diez años.

Cuando leí la noticia no supe si felicitarle ó compadecerle. Felicidades por el honor que Su Majestad el Rey le hacía; compasión por lo que le espera.

Aunque el cargo viste mucho, de puertas afuera, es casi más importante que ser ministro, aunque de éstos solo tenga esa miseria de sueldo, de puertas adentro no es para envidiarle. Cada vez menos.

Si entonces, cuando él estuvo, la Familia Real era una familia en el exacto sentido de la palabra, el rey, la reina, el príncipe y las infantas, hoy no es lo mismo. Es otra cosa. Con una adosada que no solo pretende mandar mucho, sino que manda … lo suyo. Por supuesto , más que el príncipe. A veces, incluso, más que el rey que, por aquello de la paz familiar, hace como si no se enterara.

Estoy seguro que lidiar con la consorte será complicado. Aunque Rafael, con ese exquisito tacto diplomático, su gran inteligencia y su sentido del humor, tan necesario para este trabajo, será, sin duda alguna, un gran jefe de la Casa de Su Majestad. Leal pero no cortesano, me gustaría. Como el gran general Sabino Fernández Campo.

Rafael Spottorno es el hombre que don Juan Carlos necesitaba. Por ello, hay que felicitar, sobre todo, al rey, en su acierto, y a Rafael desearle mucha suerte. Me tendrá siempre a su disposición.

Como escribí el día que le nombraron, procuraré no complicarle la vida ni darle muchos disgustos con mis comentarios. Pero, querido Rafael, no depende de mí.