¡No parece una princesa!

¿La familia que veranea unida permanece unida? , a lo peor, va a ser que no. Porque después de la visita del Papa que hará que todos los royals viajen a Madrid para recibir a Su Santidad en el aeropuerto de Barajas y en La Zarzuela, ¿quiénes regresará a Palma?, pregunto yo.

Salvo para la reina que disfruta con el paripé de una familia unida, al menos en el mes de agosto, haciendo de puente entre unos y otros,  Marivent no parece hacer felices a todos. Como suele ocurrir cuando es una obligación que hay que aceptar.

Desde que la Diputación balear decidió “regalar” , anticipándose a todas las comunidades españolas, el palacete, los royals españoles se sienten con la obligación de pasar todos los veranos  por el photocall del club marítimo como la familia unida y feliz que no es. Al menos las cuñadas.

Este año, han posado no una vez ni dos sino cuatro hasta la fecha. Siempre la misma foto: el rey, la reina, las infantas,  el príncipe y los consortes. “Este verano la foto de la Familia Real ha sido fría, fugaz y protocolaria”, a juicio de la periodista María Eugenia Yagüe. Cuando se habla de protocolo, ¿se referirá a la colocación?: don Juan Carlos y sus hijas, a la derecha; doña Sofía, el príncipe y la consorte, a la izquierda. Iñaki Urdangarín, junto a su esposa, por supuesto. He advertido en él cierta incomodidad. Puede que la prensa no le caiga bien. ¿Por qué será?

Las fotos, por repetidas, no son del gusto de los paparazzis, a quienes sólo les interesa Letizia en bikini. Como hace dos años. Se van a quedar con las ganas. Ella ha aprendido a no ponerse a tiro.

La visita del Papa, el próximo día 18, va a ser providencial. No podía ser de otra manera tratándose del Pontífice. Providencial porque ese día abandonan Palma. ¿Se producirá la tradicional diáspora familiar como suele suceder todos los veranos?

Aunque la situación económica del país y del mundo no está como para buscar otros paraísos a los que Felipe y Letizia son tan aficionados, mucho me temo que proyectado tienen algún viaje.

En Barcelona aún no han olvidado la reciente escapada, con un grupo de amigos, para asistir a un concierto rockero. Aquella noche, liberada del marido y  de la familia, se soltó el pelo y dio el cante con su minifalda y sus expresiones que hicieron exclamar a más de uno, según la periodista Pilar Eyre: “No parece una princesa”. Y llevaban razón.

No es de recibo que, en un momento dado y cuando estaban cenando, se dirigiera a los escoltas gritándoles: “Chicos iros a que os echen de comer”. Quien la oyó, exclamó: De chica tan vulgar no puede venir nada bueno.