Me los ponen de… corbata

La coña marinera de Letizia, al menos eso debió pensar que era, y el sin corbatismo, como provocación, de Miguel Sebastián, amén de otras muchas actitudes, están convirtiendo España en un país vulgar, como el que más.

Hoy , vestir correctamente, en actos de estricta solemnidad, ya no se estila. Lo hemos podido ver esta semana en una jura de bandera y entrega de despachos a nuevos oficiales y el en propio Congreso de los diputados. Y, como cantaba la gran María Dolores Pradera, no solo ya no se estila el sombrero y la flor en el ojal ni tan siquiera la corbata. Pienso que en el solemne acto naval el príncipe debía haber actuado con Letizia como el presidente Bono con el ministro Sebastián: Así no se puede venir. De trapillo una; sin corbata, el otro.

Esto me ha recordado a las hijas del presidente Zapatero, cuando acompañaron a su padre a un encuentro, en Washington, con el presidente Obama. Decidieron ir disfrazadas de góticas. Con todo su derecho y libertad a vestir como les diera la gana. Pero no en esa circunstancia.

El sin corbatismo ha sido llevado, esta semana, incluso al Parlamento, donde al presidente Bono no le han dolido prendas para abroncar a un miembro del gobierno, por el mal ejemplo de sentarse, en el banco azul, despechugado.

Con esa actitud, Sebastián parecía ignorar que la corbata es una de las prendas masculinas con mayor carga simbólica. No económica ni social sino de respeto.

¿Sería capaz el señor ministro de acudir a una audiencia con el rey de esta guisa? A lo mejor, va a ser que no. Como el jefe de gobierno japonés, padre de la iniciativa del sin corbatismo, pero incapaz de presentarse ante el emperador … sin corbata.

Yo le recuerdo al estimado Sebastián lo que él sabe muy bien: el Parlamento es  tanto ó más importante que La Zarzuela. Porque en el radica la soberanía popular, que se merece tanto respeto como Su Majestad.

El decoro en el vestir es inamovible, como dijo el señor Bono.

Nada me parece más ridículo que ver a los políticos, ya entrados en años, en campaña electoral sin corbata, despechugados, como un ridículo guiño a los jóvenes,  como si con ello se sintieran más cercanos al pueblo.

A mi, todas estas actitudes me los ponen de … corbata. Aunque solo sea por ello, no pienso quitármela … jamás.