“Tomemos nota en España”

Así finalizaba mi admirada Ana Romero su artículo en El Mundo, sobre el repugnante caso del irresponsable del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn, acusado de violación y otros delitos sexuales.

“A los americanos les gusta el sexo; los franceses no son adúlteros en serie…”, escribía la compañera. ¿Y los españoles?

En España, las infidelidades de los políticos, (por supuesto, nada que ver con el presunto crimen sexual de DSK) nunca han tenido consecuencias. No conozco país más permisivo en lo referente a las “braguetas incontenibles” que el nuestro. Quien dice braguetas, dice bragas.

A propósito de ello, difícil olvidar la confidencia de una amiga mía, esposa de uno de los grandes banqueros de este país, cuando los había, reconociéndome que había tenido un amante durante… cinco años sin que su marido lo hubiera no ya sabido sino, tan siquiera, sospechado.

La prensa española es tan respetuosa, cortesana ó hipócrita con la intimidad sexual de los políticos que, a lo largo de años, prefirió mirar hacia otro lado, “ignorando” que un vice convivía con esposa y amante “oficial”.

A diferencia de otros países, en España a ningún político se le trunca la carrera por ser follador. Que no lo son. Eso solo sucede en los Estados Unidos ó en Inglaterra, en los países sajones. En menos medida en Francia y otras naciones latinas.

Incluso en Bélgica, donde el actual soberano, Alberto, reconoció hace unos años, en su mensaje navideño, que ya fueron ganas de amargarles la cena a los ciudadanos, tener una hija fuera de su matrimonio con la reina Paola.

O en los Países Bajos, con el príncipe consorte de la reina Juliana, Bernardo, quien, encontrándose ya muy gravemente enfermo, confesó a un periodista que tenía … dos, autorizándole a hacerlo público después de su muerte. Tan permisivo es este reino, que la actual soberana, Beatriz, autorizó a sus hermanastras despedirse de su padre.

“Tomemos nota en España”, escribe la compañera Ana Romero. ¡Pero si aquí, en este terreno, somos “ejemplares” querida, discretamente ejemplares, of course!

Solo tenemos un bastardo real, Leandro Alfonso de Borbón, que conservamos, a sus más de ochenta años, como una valiosa reliquia de otros tiempos, cuando los reyes, como Alfonso XIII, de quien es hijo, practicaban el derecho de pernada.

Y es que en España, a los hombres nos cuesta distinguir entre la constancia y la fidelidad.