¿Está el príncipe impaciente?

A VUELTAS CON LA MALA SALUD DEL REY

Los rumores sobre la “mala” salud del rey han sido los comentarios mediáticos de la pasada semana.

Todo el mundo sabe que don Juan Carlos no goza, actualmente, de una excelente salud. Su estado físico no corresponde a su edad, 73 años recién cumplidos.

Dado que las expectativas de vida son cada vez más largas, puede considerarse, sin temor a exagerar, que el rey es, todavía, un hombre en la plenitud de su vida. Lo que no impide que su organismo tenga “goteras”.

Nada que ver estas con la operación a la que, hace exactamente estos días un año, fue sometido para extirparle un nódulo, afortunadamente benigno, en uno de sus pulmones.

Pero, un problema con los abductores de sus piernas le está impidiendo caminar con soltura, produciéndole, además, grandes dolores. Ello no es óbice para que acuda a cazar e, incluso, viajar como ha hecho esta semana a Marruecos.

El aspecto físico que ofrecía la fotografía del suplemento dominical Crónica de El Mundo no era el mejor. Su contemplación produjo una profunda inquietud a este columnista que siempre ha sentido por don Juan Carlos un afecto muy especial. Pero no sabía que le quisiera tanto.

Verdad es que la barba incipiente y descuidada le daba una imagen de enfermo, consecuencia de unos eccemas en el rostro que aconsejan no afeitarse. No es la primera vez. Hace ya mucho tiempo y durante un viaje oficial a un país africano, el soberano se vio obligado a dejarse la barba a causa de un herpes. Se repitió años después.

“Cierto es que la rumorología nacional siempre dice que el rey está muy enfermo. Hace años que dura el bulo”, escribía Albert Boadella en su libro “Dios los cría …” (Planeta) a la limón con Sánchez Drago, que le puntualizaba al catalán: “Es cierto, se le ve viejote, abotargado, hinchado, cosas típicas de la cortisona”.

El querido compañero se olvida que esa hinchazón puede ser, entre otras cosas, el resultado de haber dejado los dos ó tres cohibas que se fumaba diariamente. Por prescripción facultativa tras el susto de la operación, ya que se temió lo peor. Afortunadamente, todo quedó en un susto, según se dijo. Pero, sobre todo, en un aviso.

Aprovechando esta crisis en el estado de salud de Su Majestad, se especula y hasta se afirma que ha decidido “traspasar” a su hijo alguna de sus funciones institucionales.

¿Tendrá todo esto que ver con lo manifestado por el príncipe Felipe cuando dijo aquello de “ya estoy preparado para reinar”, en el propio palacio de La Zarzuela, ante un grupo de periodistas que no daban crédito a lo que estaban oyendo?

Mucho me gustaría saber a qué vino la principesca declaración que ponía un gratuito sentimiento de inquietud sobre la sucesión. Y, lo que es peor, sobre la salud del rey.

Estos días, el mundo entero ha podido ver por televisión (dicen que la audiencia fue de dos mil millones) la boda del heredero del heredero al trono británico. A pesar de los 63 años del príncipe Carlos y los 85 de su madre, la reina Isabel, que lleva reinando nada menos que 60 años, nadie en el Reino Unido se le ha ocurrido especular sobre una posible abdicación de Su Graciosa Majestad ni que el príncipe de Gales esté impaciente por heredar.

Aquí, en España, en contra de lo que declaró, en cierta ocasión, doña Sofía a propósito de la abdicación de don Juan Carlos ( “ni el rey está cansado ni el príncipe impaciente”), mucho me temo que lo contrario. Sobre todo, en lo referente al príncipe quien sí que parece estar impaciente.

¿Cansado el rey? Como decía, acertadamente el titular de Crónica, “El rey cansado sigue tirando del trono”, porque, a un rey, solo debe jubilarle la muerte.