Vamos de boda

Ausencias y presencias en Westminster

La boda del príncipe Guillermo ó Williams, y la joven Kate ó Catalina Middleton será, sin duda, “la boda del año”. Este absurdo calificativo, acuñado por las revistas de evasión, se aplica cada vez que un miembro de una Casa Real se casa.

En este caso, lo es en grado sumo. Se trata de un joven que puede llegar a ser, en su día, cuando su padre, el príncipe Carlos, lo sea y fallezca, rey de Inglaterra.

El columnista reconoce, por experiencia, el enorme tirón mediático de este tipo de acontecimientos. Las tiradas se duplican, las ventas se incrementan y las audiencias televisivas, no solo en los programas especializados, se dispara.

Para la boda del hijo del príncipe de Gales tanto TVE1 como Antena 3, Tele Cinco, la Cuatro e, incluso, las autonómicas dedicarán no solo programas especiales sino que retransmitirán entera la ceremonia.

Todo ello, porque cierta magia tiene este tipo de acontecimientos. La reina Isabel se vuelca en la boda del nieto, consciente del efecto real sobre un país y un mundo en crisis.

Este matrimonio pasará a la historia como todos los matrimonios del siglo, de familiares reales se entiende. En ellas concurren los ingredientes para considerarlas como “boda del año”: se trata de una unión morganática que convierte en realidad el cuento de la cenicienta. Una joven desconocida se transformará, en nada menos que en la futura reina consorte de Inglaterra.

Cierto es que tiene que morirse primero la reina, Isabel II. Después su padre y actual heredero. Como la longevidad se hereda como el color de los ojos, la reina madre falleció con 101 años, la pareja que mañana se convierte en matrimonio puede que no reine hasta dentro de veinte, treinta ó más años. ¿Habrá monarquía entonces?, pregunto yo.

La boda congregará en Londres a representantes de todas las casas reales de la vieja Europa y de otros continentes. Representando a la Familia Real española asistirá S.M. la reina doña Sofía, su hijo el príncipe Felipe y Letizia. El rey no suele asistir a este tipo de acontecimientos. A la de su hijo porque no le cupo más remedio.

Sorprendentemente no viajarán al Reino Unidos las infantas Elena y Cristina aunque hace unas semanas se daba por seguro que estarían. Como sucedió en la boda de la princesa Victoria, heredera del trono de Suecia.

¿Habrá influido en esta ausencia el hecho de que la duquesa de Lugo se convirtiera en la auténtica protagonista de aquella boda? Por encima de la cuñada. Su aparición, entre los royals del mundo entero, con su espectacular y españolísimo modelo de Lorenzo Caprile causó tal sensación que, al día siguiente, toda la prensa internacional se ocupaba de ella. Letizia pasó con más pena que gloria. Su modisto Felipe Varela no acertó.

También ha sorprendido que, entre los invitados que mañana acudan a la Abadía de Westminster no estarán tampoco el ex premier Tony Blair ni su sucesor Gordon Brown. ¿Se ha tenido en cuenta que Blair fue el padre de aquello de “princesa del pueblo”. Tal vez por aquella chorrada que tanto humilló a la propia reina, la Familia Real no ha estimado oportuno invitarle. Cherie Blair, por el contrario, se alegrará. Es republicana y siempre se negó a hacer la reverencia a la soberana. Esto también ha debido influir.

Por el contrario, si se ha invitado a Margaret Thatcher y a John Mayor, conservadores ellos.

Por supuesto, nadie quiere ver estos días en la corte de Su Graciosa Majestad a Sarah Fergusson, la ex del príncipe Andrés. Por el contrario, las dos hijas si estarán junto a su padre. Lilibeth ni olvida ni perdona.

Se me olvidaba: don Manuel Colonques, presidente de Porcelanosa, será el único español no perteneciente a familia real, que estará en la boda como invitado personal del príncipe Carlos, padre del novio. Esta relación comenzó en 1997 cuando el señor Conlonques se convirtió en miembro de The Prince´s Foundation for the built environment. Desde entonces, Porcelanosa ha venido colaborando económicamente en esta fundación. Como agradecimiento, mañana el señor Colonques y su esposa estarán codeándose con las familias reales del mundo entero, incluida Letizia. ¡Oh ironías de la vida! Ésta le tachó de la lista de invitados a la cena de gala que, en honor del príncipe Carlos se ofreció en el Palacio Real, con motivo de su visita oficial a Madrid.