Felipe, el verso suelto de la Familia Real

En el plazo de un mes, el príncipe Felipe ha protagonizado dos hechos rodeados de cierta polémica. No sé a quién achacarlo. Mucho me temo que parte de “la culpa” puede ser de quien comparte su vida. Para bien y para mal.

El que haya logrado transformar a aquel joven distante, caprichoso, soberbio y hasta déspota en un hombre amable, educado, asequible y próximo, no le autoriza a humillarle en público, demostrando, en todo momento, que es ella quien manda. De aquel “déjame hablar a mi” con el que se presentó en sociedad a “si te paras a hablar con cualquiera no vamos a acabar nunca” han pasado siete años. Y eso que tan solo es la consorte aunque actúa cuan si fuera la titular del Principado de Asturias.

Es tal la influencia sobre él, que le ha convertido en el verso suelto de la Familia Real.

Me gustaría saber de quién fue la idea de meter, en el discurso de la cena de gala en honor del príncipe de Gales, la “morcilla” de Gibraltar.

Desde el primer momento me pareció una falta de consideración hacia el invitado, poniendo sobre la mesa un tema que debía incomodarle ¡Vive dios que así fue!

Hoy he sabido, gracias a la periodista Pilar Eyre, que “al príncipe Carlos le molestó la alusión de Felipe a Gibraltar, porque después de la cena, comentó, en un corrillo “¿y si hablamos de Ceuta y Melilla?”. Como lo dijo riéndose, nadie pudo ofenderse”.

La falta de tacto adquiere una dimensión más grave ya que para esta visita se movieron todos los hilos, diplomáticamente hablando, con el fin de evitar que en el viaje a España incluyeran también Gibraltar.

Ítem más: ¿de quién habrá sido la idea del viaje que acaban de iniciar a un Oriente Próximo, envuelto en una escalada de violencia, con el lanzamiento de un misil contra un autobús escolar israelí y una oleada de bombardeos de represalia que, hasta el mismo día en que la pareja iniciaba el viaje, se había cobrado la vida de más de 18 palestinos?

Dicen que ha sido el príncipe quien mayor interés ha mostrado en este viaje. Para que pudiera realizarse, se ha aconsejado extremar la prudencia, por los mismos motivos de violencia por los que se ha venido retrasando.

Y todo, para no estar más de dos horas en los territorios ocupados. Por supuesto, nada de visitar los Santos Lugares. Eso queda para el rey católico Juan Carlos y no para unos jóvenes que representan a un país no confesional.

Si se ha dejado bien claro que no se trata de un reconocimiento diplomático de Palestina, ¿a qué coño viene este viaje?

Tampoco entiendo la visita a Jordania, donde la propia Casa Real del país árabe ha dejado bien claro que será una estancia de bajo perfil. Se lleva a cabo unas horas antes de que el rey Abdallah emprenda viaje oficial a China.

Una de las decisiones que más ha sorprendido y que ha debido contrariar a Letizia, es la de limitar, cuando no impedir, por parte del soberano hachemita, las fotografías de la frívola esposa, la top model o fashion victim, Rania, con la consorte española , que tanto la admira hasta el extremo de haberse convertido en su clónica.

También me gustaría saber quién organiza la agenda del príncipe (“ya estoy preparado para reinar”), convertido, gracias a su esposa, en el verso suelto de la Familia Real.