Jugando a ser familia de clase media

Dicen que Letizia ha cambiado mucho al príncipe. Nadie lo duda porque, además, se ve. Para bien y para mal. Si por un lado le ha hecho más asequible, simpático, próximo y sencillo, por otro, le ha vulgarizado. De los pies a la cabeza. Cuando el heredero contrajo matrimonio con la periodista divorciada Letizia Ortiz Rocasolano, recuerdo haber escrito que, en ese momento, la monarquía se igualaba por abajo. Nunca pensé que tanto.

Pero, esta semana, el reportaje que ofrecía la revista Hola de mis amores, sobre una escapada de clase media de Felipe y familia a Londres, muestra hasta qué punto la cuesta abajo en la rodada de la vulgaridad, que dice el tango, se ha impuesto en la vida del heredero.

En las páginas de la revista más amable, aparece vestido y actuando como cualquier hijo de vecino que no es: vulgares pantalones vaqueros, más vulgar chaquetón y esa gorra color caqui, arrastrando por las calles de Londres sendos trolleys, uno en cada mano, en dirección al apartamento en el exclusivo barrio londinense de Chelsea – Kensington.

Al parecer, Felipe y Letizia gustan jugar a ser una familia de clase media. Pero, eso sí, con escoltas y billetes gratis en clase business.

Soy de los que piensan que los reyes, el príncipe y su consorte lo son veinticuatro horas sobre veinticuatro. No de nueve a dos. Ni de lunes a viernes. Mucho menos, hacer en el extranjero la vida de familia media que en España se les está vedado.

Olvidan que a los muchos privilegios de su estatus real tienen también algunas obligaciones, algunas servidumbres que les impiden comportarse como cualquier otro matrimonio de españolitos.

El próximo miércoles, el príncipe Carlos y su esposa Camilla iniciarán una visita oficial de tres días a España. Anfitriones, como corresponde por protocolo, serán Felipe y Letizia. Si se tratara de la reina Isabel, el anfitrión sería el rey don Juan Carlos, como ya lo fue en 1988 cuando la soberana del Reino Unido visitó oficialmente y, por primera vez, España.

En aquella ocasión, los reyes de España le ofrecieron, el 17 de Octubre, una cena de gala en el Palacio Real, con un menú de vichyssoise de tomate a la albahaca; suprema de lenguado al Chardonnay con higos frescos; pollitos de perdiz rellenos con salsa Perignot, muselina de patata y apio gratinada; crepes soufflé con almendras fileteadas. Todo ello regado con Fino Quinta, Viña Esmeralda de Torres, Marqués de Riscal Reserva 1982 y Gran Codorniú reserva especial.

Un año antes, concretamente el 22 de abril de 1987, los entonces príncipes de Gales, Carlos y Diana, visitaron oficialmente Madrid. Por encontrarse en aquella época el príncipe Felipe todavía soltero, fueron los Reyes los encargados de agasajarles. Y, como es obligado, les ofrecieron una cena de gala pero en La Zarzuela, compuesta de huevos de codorniz escalfados al Beluga; bogavante del Cantábrico en ragout; silla de ternera asada con puntas de espárragos verdes gratinados al Roncal y crema de nieve con natillas de canela. Los vinos: Marqués de Alella 1985, Marqués de Arienzo 1973 y la misma reserva especial de Gran Codorniú.

El próximo miércoles, Felipe y su esposa le ofrecerán también a Carlos y Camilla esa tradicional cena de gala cuyo menú, a la hora de redactar esta crónica, se desconoce.

Almudena Martínez, esa periodista de ABC que más parece ser la portavoz de la consorte, escribe que la cena “no será una copia de la que ofrecen los reyes sino que doña Letizia mostrará su propio estilo”.

Por vez primera la cena de gala no tendrá como escenario el “Gran Comedor” sino el de “Las Columnas”. Tampoco exisitrá una sola mesa, como es habitual, sino una grande ovalada que se instala en el centro, para veinte comensales. En ella tomarán asiento los Príncipes de Gales y sus anfitriones, entre otros. Una serie de mesas redondas, para diez comensales cada una. En total ciento diez invitados.

El besamanos o saludo, no se llevará a cabo en el “Salón del Trono” sino en la “Sala Gasparini”. La indumentaria exigida será traje largo para las señoras; esmoquin que no frac para los caballeros.

Como nuestros lectores pueden observar la diferencia con la cena de gala ofrecida por los Reyes es manifiesta. ¿Nuevas formas? No. respeto a los Reyes.