Mi duquesa desentierra el hacha de guerra

La duquesa Cayetana de Alba, la dama más titulada del mundo con un aura de 18 generaciones de duques y Grandes de España, ha sido una de las mujeres más cortejadas y deseadas de su época.

La pretendieron príncipes, como el italiano Colonia, el Ali Khan, que perdió los sentidos por ella, el conde Tolstoi, sobrino del novelista ruso, y hasta Picasso que quiso pintarla desnuda, como Goya a su antecesora.

“Siempre tuve mucho éxito con los hombres. En el terreno del amor, siempre me valoré mucho”.

También la amaron toreros, como Pepe Luis Vázquez. E infinidad de aristócratas españoles, como Beltrán Alburquerque.

Pero, de entre todos ellos, eligió a tres hombres para compartir su vida: Luis Martínez de Irujo, su primer marido; Jesús Aguirre, el segundo y Alfonso Díez que se convertirá, este mismo año, en el tercero, tras enfrentarse no solo a sus hijos sino a la opinión pública pero, sobre todo, a la publicada.

Sin embargo, la batalla mediática de Cayetana ha logrado el milagro de que hoy nadie, salvo los hijos, se opongan ya a su boda con Alfonso, un hombre enamorado de ella desde hace 30 años.

Esta semana, Cayetana ha desenterrado el hacha de guerra contra el escritor Manuel Vicent, no para defender su derecho a casarse con el hombre que ama, sino para defender la memoria de Jesús Aguirre, su segundo marido y el hombre a quien más ha amado en su vida.

El libro “Aguirre el Magnífico” deja la figura de Jesús para el arrastre. Bajo el pretexto de tratarse de una biografía novelada, pone en duda hasta su sexualidad.

Cayetana, que no tiene pelos en la lengua, hasta el extremo de importarle un comino ser deslenguada, responde al escritor de Prisa que Jesús “no solo le hizo feliz como esposa sino también como mujer”.

En cierta ocasión, le preguntaron “de cero a diez que puntuación le merece Jesús como marido”:

- Con toda seguridad, un once. Jesús y yo no somos ni compañeros ni esposos ni amigos. Somos sencillamente amantes.

Para defender su memoria, no le ha importado escribir una valiente carta abierta a Vicent en El País en la que, entre otras cosas, dice:

“Parece mentira que usted haya tenido la osadía de ridiculizarle después de muerto y ya que no puede contestarle, lo hago yo”… “El retrato que pinta en su libro es el de un personaje que me resulta desconocido porque, durante veinte años, fui la mujer más feliz del mundo”… “Nunca conocí a un hombre tan apasionado e inteligente. Fue un gran duque y un gran hombre”… “Su libro es un esperpento literario”.

Cayetana, siempre Cayetana.