A Don Juan Carlos y Doña Sofía se les rompió la cama en su primera noche en el Palacio de Meirás

El 30 de diciembre de 2008, el Pazo de Meirás fue declarado bien de interés cultural por la Xunta de Galicia. Como consecuencia de ello, el último reducto del franquismo quedaba abierto a la morbosa curiosidad popular.

Durante dos años y medio la duquesa de Franco, hija y heredera única del general, no solo recurrió al Tribunal Superior de Justicia sino también al Tribunal Supremo, en un desesperado intento por defender su intimidad.

Pero no ha podido. No le ha quedado más remedio que consensuar un convenio para regular el régimen de visitas: cuatro días al mes. O lo que es lo mismo, una vez por semana.

A propósito de esto, pienso don Juan Carlos y doña Sofía recordarán la primera vez que fueron invitados a pasar unos días en el Pazo. Fue en el mes de julio de 1969, poco después del nombramiento del entonces príncipe como heredero de Franco a título de rey.

Era la primera vez que convivían con el general, la generalísima y familia, compartiendo desayunos, almuerzos y cenas.

Doña Sofía creyó, la muy ingenua, que esos días “tendríamos la oportunidad de oír, en una dimensión más íntima, las opiniones de Franco. Sobre todo, de nuestro futuro. Pero ni durante los desayunos ni los almuerzos ni las cenas Franco no decía ni mu. Permanecía siempre callado. Solo observaba, pensaba y comía y no decía ni media palabra. Después del café, a ver la televisión. En silencio. Luego se iba a trabajar ó a echarse una siesta. Ya no volvíamos a verle hasta la hora de la cena”, le recuerda a Pilar Urbano.

Lo que nunca han olvidado ni don Juan Carlos ni doña Sofía fue la primera noche en Meirás. A lo mejor, por “culpa” de las efusiones amorosas o porque se trataba de un mueble viejo, lo cierto es que, como reconoce la reina, la cama se rompió y “¡¡¡pumba!!!” mi marido se cayó al suelo. Se armó un ruido terrible y un jaleo con los barrotes, el colchón, el somier …”

Doña Sofía creyó morir de vergüenza. Tan avergonzada estaba que le rogó al príncipe: “Por lo que más quieras Juanito, no se te ocurra contarlo”.

Fue lo primero que hizo nada más sentarse a la mesa a la hora del desayuno. No se sabe lo que pensarían todos sobre lo que había sucedido aquella noche en el dormitorio de los príncipes aunque fácil es deducirlo. Pero lo cierto es que todos rompieron a reír, incluso… Franco. Espero que nuestros internautas, también.

Vaya noche “apasionada y apasionante” la de aquel día en Meirás.