Aquel dramático 6 de febrero

Mañana será 23 de Febrero, ¡treinta años ya del tristemente famoso 23 F!

Durante estos días se ha recordado hasta la saciedad (¡horror a las fechas emblemáticas!) en prensa, radio, televisión y hasta en cine, con el estreno de una película, el intento de golpe de estado contra la democracia.

Con voces autorizadas, otras menos, e, incluso, algunas que nada tenían que contar y mucho han contado. Los únicos tres que saben lo que realmente sucedió nunca hablarán. Sobre todo, uno de ellos porque está muerto.

Pero nadie ha mencionado lo que sucedió el 6 de febrero de 1981, con motivo de la muerte de la reina Federica, madre de doña Sofía.

Ese día, a las 9 de la noche, los reyes que pasaban el fin de semana en Baqueira, tenían previsto una cena en un restaurante de Arties, cerca del parador de Portolá, cena a la que habían invitado al entonces gobernador de Lérida y antiguo Secretario General de la Casa de Su Majestad, Alfonso Armada, que acudió puntual a la cita.

A esa hora, allí se encontraban ya, esperando a los reyes, uno de los ayudantes de jornada de Su Majestad, el comandante Sintes, así como varios miembros del servicio de seguridad.

Pasaban los minutos y los reyes no llegaban. No tenía nada de extraño. La puntualidad no es, precisamente, una de las cortesías de nuestros soberanos. Esta falta de puntualidad se le ha achacado siempre al rey pero es la reina quien parece ser la culpable.

De repente se recibió una llamada telefónica, de Pleta de Baqueira, la residencia de los reyes, en la que se pedía la anulación de la cena y se rogaba a Armada que subiera a la casa.

Una vez allí, don Juan Carlos le informó de la noticia recibida de Madrid sobre la “extrema gravedad de la reina Federica”. El general Armada ha confesado que tuvo la impresión de que, en esos momentos, la reina había fallecido ya. Que el rey lo sabía pero que se lo quería ocultar, de momento, a la reina.

Como es lógico y natural, se organizó inmediatamente el dispositivo para que doña Sofía viajara a Madrid. Sorprendentemente, el rey decidió no hacerlo hasta el día siguiente a las 9 de la mañana, decisión que no dejaba de extrañar. Prefirió quedarse a cenar con el general Armada en el Valle de Arán, la cena duró hasta las 3 de la madrugada, según confiesa el propio ex secretario general de la Casa de Su Majestad.

¿Por qué el rey no quiso viajar con la reina, sabiendo como se sabe que la seguridad no impide que viajen juntos, siempre que el príncipe Felipe no lo haga? ¿Quiso evitarse el mal rato de ser él quien tuviera que informar de la ya acaecida muerte de su madre? Pienso que hubiera sido lo más natural. Y lo pienso, posiblemente, porque ignoro los motivos que impidieron al rey hacerlo.

¡Uno ignora tantas cosas! …