Las memorias de Marina o ajuste de cuentas

Marina Castaño, la viuda del marqués de Iria Flavia, Camilo José Cela, acaba de anunciar en la revista Vanity Fair, versión española, que está escribiendo sus memorias. Mucho me temo que más que memorias, un ajuste de cuentas “ya que pondrá a todos los traidores en su sitio. Los traidores a mí y a mi marido”. Algo así como las de Mario Conde. Un ajuste de cuentas, del rey abajo, a todo dios. Lo que escribí entonces a propósito del infame libro del ex banquero, vale hoy para la ex marquesa.

“Este placer inmenso”, como ha reconocido Marina a la periodista Eva Lamarca, será cualquier cosa menos unas memorias.

Unas memorias, para ser tales, han de ser escritas con temor, con humildad, con rigor, sinceridad, pudor e imparcialidad.

Las memorias tienen una justificación: Impedir que se desvanezcan con el tiempo la memoria de los hechos públicos de los hombres. Pero nunca una venganza.

Cierto es que la viuda del marqués de Iria Flavia es una persona un tanto especial, con especial “sabiduría” ó especial bagaje de experiencia junto a un gran escritor que enriqueció su vida, no sólo económicamente, y que la hizo vivir una existencia distinta a la de los demás.

Pero, por lo que anuncia, se tratará de un relato de experiencias autobiográficas de hechos reales, enormemente inquietante desde todos los ángulos.

¿Lo hace a sabiendas de correr el riesgo de que la imagen que aparezca en el espejo del papel no sea la que más le favorezca?

José Luis de Vilallonga, el escritor desaparecido y autor de las únicas y polémicas confesiones del rey don Juan Carlos, y otros muchos libros, algunos autobiográficos, reconocía que para que unas memorias fueran tales, quien las escribe, aparte de estar obligado a la objetividad, tiene que ser crítico e inmisericorde consigo mismo.

La viuda del marqués, que no marquesa, debería tener presente lo que Lee Iacoca, presidente que fue de la Ford y más tarde de la Chrysler, en “Autobiografía de un triunfador” justificaba el por qué de sus memorias: “¿Qué me ha inducido a escribirlas? Desde luego no ha sido el afán de ganar publicidad. Tampoco las he escrito para lucrarme ni el afán de vengarme de Henry Ford. He escrito este libro para dar una idea aproximada de aquellos valores por los que merece la pena luchar”.

Ninguno de estos motivos parece ser los que impulsan a la inefable Marina Castaño a publicar sus memorias. La venganza y el ajuste de cuentas, amén de un dinero fácil y abundante (no olvidemos que le llamaban la Marina mercante) le han llevado a escribir sus recuerdos, poblados de fantasmas y sacudidas por el fuego del rencor, olvidando que su vida es una vida hecha de la vida de Camilo.

Oscar Wilde decía que la única manera de que no te conozcan es contar tu vida. Con el libro de Marina Castaño, conoceremos lo más siniestro e inquietante de la suya.