Mario Conde contra Sabino

El libro es un tocho de 860 páginas, a lo largo de las cuales reparte estopa a diestro y siniestro. Desde el Rey abajo, no queda ni dios sin recibir. Algunos dicen que es mejor que te ponga a parir a que te elogie. Parecería haber sido cómplice de sus fechorías.

Habiéndome sorprendido la mayoría de los ataques, ninguno me ha dolido más que aquellos infligidos al desaparecido General Sabino Fernández Campo. ¿Lo hubiera escrito de vivir quien fuera el más leal Jefe de la Casa de Su Majestad? Haberlo escrito después de su muerte, me parece una cobardía.

Todo el mundo sabe que Mario Conde fue el causante de la salida de Sabino de La Zarzuela, “un nuevo golpe al sistema a añadir al cese de Sabino Fernández Campo el nombramiento de Fernando Almansa y el control de los medios de comunicación social. Poco a poco, todos se convencen de que o ellos o yo”.

Y lo consiguió, llevando y trayendo lo que decía, dejaba de decir ó se inventaba que decía el General. Solo así acabó enfrentándole con el Rey.

En aquellos años don Juan Carlos parecía sólo ver por los ojos del banquero quien, todo hay que decirlo, prestó “grandes servicios” a Su Majestad, nombrando presidentes de empresas de Banesto a quien el Rey le pedía. Francisco Sitges fue uno de ellos, entregándole la presidencia de Asturiana de Zinc.

Mezquino me parece atribuir a Sabino comportamientos aparentes del Rey “que me producen tristeza. Quizá esa apariencia no fuera ajena a la personalidad propia de quien, en aquellos días, ostentaba la Jefatura de la Casa de Su Majestad, el General Sabino Fernández Campo” que ante un incidente por la publicación en El Mundo sobre determinados comportamientos del Rey, no le parecía mal ya que podía servir de “vacuna” para el caso. A Mario Conde, la autorización de la palabra “vacuna” demostraba un posicionamiento del Jefe de la Casa no muy tranquilizador. “Comencé a sentir una dosis nada despreciable de inquietud”.

Miserable e impropio de una persona que presume de elegante es atribuir a Sabino, como hace en la página 648, comentarios contra el Rey.

Según el, sucedió el mismo día que le conoció, en casa de José Antonio Martín Alonso, cuando los tres, Mario, el anfitrión y Sabino “concluida la cena nos sentamos a tomar una copa. La conversación giró hacia el Rey y, ante mi asombro, Sabino se transformó. Su cara tensó los músculos, sus ojos se inundaron de brillo… habló del Rey sin el menor recato… un Jefe de la Casa del Rey ni puede ni debe hablar así, ni siquiera de manera infinitamente más liviana. No entendía nada. No fui capaz de articular palabra”.

Ante este ataque tan despiadado, uno no puede por menos de sentir repugnancia. Ahora resulta que el gran defensor del Rey era él.

Ítem más: jueves 27 de agosto de 1992. Cena del Rey y Mario Conde en la casa de Paco Sitges en La Moraleja.

“El Rey abrió fuego en la conversación pidiéndome, encarecidamente que Sabino no supiera nada porque todos los días, todos los días, me insiste que no comente nada contigo”. “Aquí tampoco el Rey queda muy leal con quien siempre lo fue para y por él”.

En otra ocasión, Mario Conde chivatea al Rey que Sabino hablaba con determinados personajes no sólo sin que el monarca lo supiera sino negándoselo. “El Rey se quedó impactado pero silencioso”. Según Mario, comprobar ese dato que, al parecer Sabino le había ocultado, provocó en el monarca el convencimiento que entre el Jefe de su Casa y él se había producido una ruptura o, al menos, una fisura de algo sagrado: La confianza. ¿Qué es lo que Conde pretendía? Echar a Sabino de la Casa para colocar a mi paisano Fernando Almansa.

El General Fernández Campo, con su lealtad inquebrantable al Rey, solo pretendía protegerle del banquero, informándole, incluso, de aquello que don Juan Carlos no quería oír.

Conde manipuló de tal manera contra Sabino, que el 9 de septiembre de 1992 y tras una dramática reunión en la casa de Paco Sitges “el Rey llegó a la conclusión de que era necesario encontrar una persona para la Casa del Rey y, en ese momento, solo me tenía a mano a mí para encargarme de la búsqueda”, reconoce sin pudor y prepotencia el ex banquero.

Pero la mayor crueldad con Sabino y, además gratuita, se produce con motivo de la salida de éste de la Casa. “Se había acordado sería en el mes de marzo, cuando Sabino cumpliera 75 años. Incluso Felipe González, que conocía las intenciones del Rey de sustituir a Sabino, le pidió algo concreto: Que le tratara muy bien y que retrasara el nombramiento hasta esa fecha… Pero el 26 de diciembre de 1992, convencí al monarca de que la petición del presidente del Gobierno resultaba sencillamente inaceptable. Lo hizo. Fijó la fecha: Consejo de ministros del 8 de enero de 1993″, día en el que se consumó la salida de quien había sido durante 17 años el más leal servidor del Rey, primero como Secretario General y, más tarde, como Jefe de su Casa.

Años después, el General Sabino, desde los ventanales de su apartamento de la Plaza de Colón, que dan a la Audiencia Nacional, pudo ver como Mario Conde salía en dirección a la cárcel para cumplir una condena de 15 años. De vivir hoy el general Sabino ¿le respondería a Mario Conde con sus memorias?