Boda sin novios

Esquilo decía que la disciplina es madre del éxito. Yo pienso que nada tiene más éxito en una publicación que una exclusiva.

Si la Esteban por su hija mata, en el mundo del periodismo ¿cuántos estarían dispuestos a matar por una exclusiva?

Eso era antes. Hoy no hace falta. Con tener una chequera, basta.

Desgraciadamente para la profesión son los empresarios ó los directores de las revistas ó programas de televisión quienes, a golpe de talón, se hacen con la exclusiva. Siempre que lleguen a la cantidad fijada por sus protagonistas. Son éstos los que ponen precio a sus grandezas y a sus miserias. La grandeza de una boda, la miseria de un divorcio.

Esta semana se ha vendido una gran exclusiva: la de la boda de Rafael Medina, el hijo primogénito del desgraciado duque de Feria y de esa madre coraje y ejemplar que es Nati Abascal. Ha sido la boda del mes ó la del año. Por la categoría de los contrayentes y la de los invitados.

La exclusiva del evento ha sido, como era de esperar, para la revista Hola. Primero, porque la madre del novio y madrina trabaja en la revista de mis amores y mis dolores. Segundo, porque ha debido pagar mucho.

Para proteger esta exclusiva millonaria se tomaron todas las medidas. Sobre todo aquellas que los interesados podían controlar: que nadie, salvo los invitados, una vez dentro del templo, pudieran ver a los novios. Por ello, todas las referencias que sobre la boda se publicaron en la prensa del día siguiente ó en el gran reportaje que en un alarde informativo puso a la venta la revista Semana, de mi amiga Charo Carracedo, era la de una boda…. sin novio. Estos se reservaron para la gran exclusiva de Hola.

Antes, las exclusivas no se vendían. Se conseguían. No se vendían nada más que por quienes la habían obtenido y elaborado: el periodista.

“Pagar a los interesados para garantizarse una exclusiva lesiona el pluralismo informativo. Si es un delito pagar a un funcionario para, subrepticiamente, filtre un documento secreto de un ministerio, habrá que ir pensando, en defensa de la libertad de información, si no lo será también impedir el pluralismo informativo, comprando un acontecimiento de interés general. Había que terminar con el escándalo del pago de informaciones a los protagonistas de ellos”, finalizaba el editorial publicado en septiembre de 1985, en el diario ABC, escrito, sin duda alguna, por Luis María Ansón.

Rosa Montero, prestigiosa columnista de El País y conocida escritora, también abordaba el tema en su columna, referida a los famosos “que ponen en venta , subastando al mejor postor su boda, su divorcio, el bautizo de sus niños, su operación de amígdalas, (hoy sería de su cirugía estética), sus fiestas, sus duelos (hasta la Pantoja vendió su dolor de viuda de España), sus partos (hubo incluso quien me vendió la exclusiva de un aborto sin que previamente hubiese estado embarazada ..). Famosos y no famosos parecen creer que tienen algo que vender, un pedazo de anatomía, un beso en apariencia robado, un hijo muy rollizo”.

Y Alfonso Ussía: “Es la sociedad compradora la culpable y cómplice de la falacia…. cuando esta sociedad se avergüence de su propio consumo, los que nada tienen que escribir, nada escribirán; los que nada tienen que contar, nada contarán; los que nada tengan que vender, nada venderán.”

Esto se escribía en 1985. Estamos en el 2010. Veinticinco años después, la venta de exclusivas está ya “institucionalizada”. El que tiene dinero para ello, se la lleva. Los que no, se limitarán a publicar la boda pero… sin los novios.

Enhorabuena para los novios. Enhorabuena para la madre y madrina, mi querida Nati. Y, por supuesto, mi enhorabuena para Eduardo Sánchez Jr., digno hijo de su padre.