El pasado: un cocktail explosivo

Todo el mundo tenemos un pasado más o menos presentable. Un pasado que ahí está, formando parte de nuestra vida. Y ahí seguiría hasta nuestra muerte.

Pero, si de la noche a la mañana, te conviertes por un azar del destino, por meritos propios ó por matrimonio, en un personaje mediático, desde ese preciso momento, tu pasado es presente y todo dios se cree con derecho a bucear en él sin piedad, afectando tu vida y poniendo, incluso, en peligro, tu futuro por esa dependencia del pasado.

Arrepentirse del pasado y temer al futuro, tal es la vida para algunas personas como nuestra protagonista. Pero dejemos que su pasado, sea pasado. Ya le gustaría. Imposible. Cuando te haces famoso, el pasado es una especie de lámpara, puesta a la entrada del porvenir, para disipar una parte de las tinieblas que lo envuelven, dijo alguien.

Para la mayoría de los anónimos mortales, el pasado, ordinariamente, suele estar hecho de cenizas. Así pensaba Anais Nin.

Es un error de la maldad humana desenterrar el pasado para intentar enterrar el presente pero, sobre todo, el futuro.

Eso es lo que se pretende, poniendo negro sobre blanco, publicando que la muchacha fue: republicana, de UGT, de izquierdas, agnóstica, divorciada, amante, abortista y no se cuantas cosas más.

Todas ellas, por separado, no descalifican a ninguna mujer. Incluso, si todas estas circunstancias concurren en una sola.

Pero, si esa joven está llamada a ser un día la consorte de un país, el cocktail puede ser explosivo.

El peor profeta del futuro suele ser el pasado, sobre todo, algunos pasados.