Peor cuando se cayó en la Casa Blanca

Todo el mundo esperaba la reaparición del Rey después de la intervención quirúrgica a la que fue sometido hace, tan solo, tres semanas. A pesar de su espectacular recuperación, tras esa operación de “caballo” para llegar a su pulmón y extraerle un nódulo, afortunadamente benigno, no se podía evitar una curiosidad por detectar cualquier signo de fragilidad en don Juan Carlos, cuando apareció en la Plaza Luis Herrera Pombo de Badajoz, bajo un sol de justicia extremeño.

No solo demostró estar en plena forma física sino que, incluso, evitó la caída de la Reina, sujetándola por el brazo, cuando ésta daba ya con su real cuerpazo en la tarima del podio, con el que había tropezado, perdiendo el equilibrio. Un marido, recién casado, hubiera dicho: “Ten cuidado, vidita.” Un marido malhumorado y después de cuarenta años de matrimonio: “¡Mira donde pisas!”. En este caso, el Soberano se mostró solícito y hasta cariñoso.

Temí tanto la caída no solo por doña Sofía sino por las consecuencias para don Juan Carlos por evitarla, a riesgo de que el enorme costurón de la operación, en proceso de cicatrización, se le hubiera podido abrir por el enorme esfuerzo.

Cuando el Príncipe acudió en ayuda de su madre, ésta ya había recuperado su verticalidad. Fue la foto del día y de la semana.

No es la primera vez que esto sucede a la Reina. Ya se cayó en la escalinata de acceso a la Casa Blanca, a su llegada a la cena de gala que Clinton le ofrecía con motivo del viaje oficial de los Reyes.

En aquella ocasión, de la que este columnista fue testigo, nadie pudo evitar la caída. Ni el Rey ni el Presidente. Dio con toda su cuerpo en el suelo. Sorprendió el gesto impasible de Hillary, observando a su invitada en tan embarazosa situación.

Caerse está permitido incluso a los reyes. Levantarse es obligatorio, dice el anónimo persa. Quien no se ha caído nunca no tiene ni idea del esfuerzo que hay que hacer, después de recomponer la imagen y ofrecer la mejor de las sonrisas, cuando maldita las ganas que tiene uno de sonreír. Shakepeare escribía que hay caídas que nos sirven para levantarnos más felices (?) Pienso que felices de no habernos roto algo. En la de Washington doña Sofía pudo haberse fracturado un brazo ya que paró el golpe con la mano.

La publicación de esta caída real hubiera sido censurada en otros tiempos. No hay que remontarse a la época franquista. Sin ir más lejos, a la de Felipe González. Durante una visita oficial del entonces Presidente del gobierno español a México, Carmen Romero a punto estuvo de rodar por las escaleras de un edificio público. La agencia Efe , siempre tan cortesana con el poder, solo ofreció una ridícula fotografía en la que se veía al Presidente, acompañado de su esposa, de medio cuerpo, cual si fuera una enana, mientras el otro medio sufría las consecuencias de un mal paso. Ridículo.

Porque todos para tropezar solo necesitamos los pies. La piedra de tropiezo cada uno la llevamos consigo, dijo alguien que de caídas sabía mucho. De rey a reina abajo, todos nos caemos. Lo que hay que desear es tener una mano amiga , como ha tenido doña Sofía.