El Juan Sebastián Elcano

El 90 aniversario de la construcción del buque escuela de la Armada “Juan Sebastián Elcano” ha tenido una especial relevancia con la presencia a bordo de SS.MM. los Reyes Felipe VI y Juan Carlos I.

A lo largo de esos 90 años todas las promociones de oficiales de la Armada han embarcado en dicho buque, incluyendo a SSMM, y en él han realizado uno de los cinco cursos de la carrera naval.

Llama la atención que en este siglo XXI cuando los buques de guerra son altamente sofisticados y dotados de una tecnología de vanguardia  la enseñanza de formación de los oficiales de marina mantenga todo un curso a bordo de un buque de vela. La razón de esta decisión es que de nada sirven los conocimientos tácticos y técnicos que un oficial de marina debe poseer si al que ha de mandar y dirigir hombres no le adornan valores espirituales, morales y de liderazgo. Mandar hombres es la tarea fundamental del militar – y el oficial de la Armada lo es – , sea cual sea la circunstancia, y créanme si les digo que no hay mejor escuela para poner en práctica  virtudes como la disciplina, la camaradería, el trabajo en grupo o la valentía que en el buque escuela de la Armada “Juan Sebastián Elcano”.

“Quien no sepa rezar ni crea en Dios que vaya por esos mares y verá que pronto lo aprende” reza una placa ubicada en la capilla de la Escuela Naval Militar y nada más cierto. La mar, por bella y romántica que se nos presente cuando reina la calma, se torna en fiero enemigo cuando se vuelve bravía y pone en serio riesgo la propia vida de los marineros. Sólo la pericia y la valentía de los tripulantes hacen posible salir de la encrucijada vital en la que muchas veces se encuentran.

En un buque como el que nos ocupa son continuas y permanentes las ocasiones en las que se pone a prueba la decisión de vencer al miedo y al riesgo. Les aseguro que el mero hecho de “trepar” a lo alto de las cofas con el único sostén de los brazos y el desplegarse en los “palos transversales” para la maniobra de izado y arriado de las pesadas velas exige destreza y buena forma física pero sobre todo decisión. Es en esos momentos cuando todos los síntomas típicos del pánico o miedo se presentan: temblor de todo el cuerpo, estómagos revueltos, pérdida de la claridad de pensamiento…etc.

Por supuesto que a la fuerza ahorcan y al final la costumbre hace que lo increíble se torne natural con el tiempo; naturalidad que reaparece cuando estas maniobras han de realizarse con temporal y vientos fuertes.

Es entonces cuando sólo una rígida disciplina mantiene el orden y cuando se fortalece el valor del trabajo en grupo y en definitiva la camaradería.

Sí, la vida a bordo no es cómoda y aún más si ésta está mediatizada por las condiciones que imponen la naturaleza y la mar y es la mejor escuela para la manifestación de todas las virtudes militares; y se lo digo desde la experiencia – siempre añorada – de quien allá por los años 70 del siglo pasado tuvo la fortuna de dar la vuelta al mundo en ese buque durante 9 meses continuados.

He aquí las poderosas razones por las que se mantiene la enseñanza naval en un buque de estas características para formar oficiales de mar y guerra.

También hay otros factores que no quiero dejar pasar por alto y van relacionados con el sentimiento de patria. No recuerdo ahora quien dijo que el nacionalismo aldeano se curaba viajando. Nada más cierto.  Y si se trata de un viaje por lo que fuera la América española, aún más. Pocas cosas he visto en mi vida, ni nunca me he sentido más orgulloso de ser español al constatar lo que significaba la entrada, presencia o partida de este buque en cualquiera de los puertos de Las Filipinas, Puerto Rico, Panamá, Buenos Aires, ….etc. El buque es España y es en aquellas circunstancias cuando uno se da cuenta de lo que ha significado y significa nuestra Patria en aquellos lares.

Disciplina, compañerismo, valentía y patriotismo son en definitiva las virtudes que se forjan en ese buque.

España mantuvo un Imperio durante 500 años gracias a que el cordón umbilical con América nunca se rompió y eso fue posible por los barcos de nuestra Armada que siempre lo tuvieron firme frente a toda clase de vicisitudes; y cuando hubo que morir combatiendo como en Trafalgar, Cuba o Cavite se cayó pero con la honra bien alta y el nombre de España en los labios.

La liturgia de la misa marinera – no muy conocida fuera del ambiente naval –  reza  en el ofertorio las siguientes estrofas: “Bendícenos Señor, bendice a España, danos vientos propicios a nuestras naves, sirviendo a España, Señor, Señor…..”.

Todo esto es lo que se aprende en el J.S.E.

Y termino desde la añoranza de una larga navegación por el Atlántico, Pacífico e Índico en la que ocupaba en maniobra el penol del trinquete siendo un joven guardiamarina.