Presencia de las FAS en el exterior

Sí, lejanos están los tiempos en los que en los dominios del Rey de España no se ponía el sol. Así, mientras en el mediterráneo se luchaba contra el turco, en Europa se defendían Flandes y la doctrina católica, barcos de la Real Armada recorrían la América meridional y septentrional y también las costas de Asia y Oceanía, al tiempo que audaces capitanes se adentraban tierra adentro en América y conquistaban imperios en México y Perú.

El resultado de aquella inmensa proeza es que hoy, quinientos años después, son quinientos millones de personas las que en el mundo hablan y rezan en español.

Una inmensa proeza llevada a cabo en apenas menos de un siglo y que perduró durante 400 años.

Tras la pérdida de las últimas posesiones en Filipinas, Marianas, Carolinas, Cuba y Puerto Rico, en el desastre de 1898,  y la retirada de la Guinea Ecuatorial y el Sáhara Occidental en el último tercio del siglo XX, las FAS no habían estado presentes en tantos escenarios como en la actualidad.

Ya no son razones de conquista ni de mantenimiento de posesiones ultramarinas como entonces sino el resultado de compromisos internacionales debido a nuestra pertenencia a la UE o a la UE y también al de determinados tratos bilaterales con algunas naciones.

El argumento principal de la participación militar en el exterior tiene su fundamento legal en el artículo 15 de la Ley Orgánica de la Defensa Nacional que dice que “las FAS contribuyen militarmente a la seguridad y defensa de España y de sus aliados, en el marco de las organizaciones internacionales de las que España forma parte” y es en ese ámbito de la seguridad donde la reciente Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) establece como cometido el “contribuir a crear un entorno internacional estable y seguro mediante la proyección de estabilidad ….y asumir sus responsabilidades de seguridad colectiva”. La nueva ESN evidencia una vocación global que se deduce del listado de zonas geográficas de especial interés para la Defensa Nacional.

Así, hoy, las FAS españolas están presentes en veinte escenarios diferentes en Europa, África, América y Asia bien sea con medios terrestres, navales y aéreos.

Formando parte de la OTAN tenemos unidades del Ejército de Tierra ( ET ) y de la Infantería de Marina(IM) en Afganistán, Irak y Letonia; de la Armada en el Mediterráneo Oriental y en el norte de Europa; y del Ejército del Aire( EA) en el Báltico.

Como parte de la Unión Europea unidades del ET y de la IM en Somalia, Mali, Senegal y en la República Centroafricana; de la Armada en el Mediterráneo y en el Océano Indico.

Bajo el amparo de la ONU el ET despliega en el Líbano y en Colombia mientras que el EA lo hace en la República Centroafricana.

Y finalmente merced a determinados acuerdos bilaterales vemos militares españoles en el Golfo de Guinea, en Túnez, Senegal y Mauritania.

Un despliegue que como podemos comprobar por la variedad de escenarios e importancia coloca a nuestras FAS en vanguardia o apoyo de nuestra política exterior, una política no siempre coherente por errática y desafortunadamente muchas veces al son de los gobiernos de turno.

Puedo asegurar por experiencia personal que la valía de nuestros ejércitos es siempre ponderada con asombro por nuestros propios aliados algo que pone el nombre de España en lo más alto.

Sí, sabemos que hoy España es una nación de tipo medio con recursos económicos dedicados a la Defensa muy precarios y con escasa influencia en el devenir de los asuntos mundiales pero justo es reconocer, pese a todo, la encomiable labor que sus ejércitos llevan a cabo.

Sin duda si España consigue dedicar a la defensa los presupuestos que preconiza la OTAN, y a los que se ha comprometido nuestro Gobierno actual,  el peso de nuestra nación crecerá en el ámbito de las relaciones internacionales de forma notable.

Desde luego la presencia internacional de nuestras FAS no es la que se contempla al principio de estas líneas pero sin duda no es en absoluto despreciable y es de esperar que esta se traduzca en el ámbito de las relaciones en hechos concretos y puntuales como, por ejemplo, el apoyo a las reivindicaciones españolas sobre Gibraltar y a la defensa de Ceuta y Melilla llegado el caso. Sí, quid pro quo.