¿Nos hemos vuelto locos?

Tal es la impresión que uno acaba deduciendo de cuanto ocurre en Cataluña y por añadidura en España. Unos políticos iluminados que hace apenas unos años constituían una minoría en la sociedad catalana han perturbado con maestría la estructura política y social de esa región española y con un hábil manejo de los medios y del adoctrinamiento escolar han estado cerca  de derrumbarla y sustituirla por una hipotética República catalana  frente al menos de la mitad de la población catalana y desde luego con la inacción, incompetencia y pasividad de los gobiernos de la nación atentos exclusivamente a sus intereses partidistas. El relativismo y cortoplacismo de González, Aznar y Rajoy no han hecho otra cosa que colaborar con los separatistas en su tarea de destruir la unidad nacional.

Sí, la actitud, aunque tardía, del Gobierno del Sr, Rajoy aplicando el artículo 155 de la Constitución ha parado el golpe de estado, y la acción de la justicia ha colocado a los líderes sediciosos frente a los tribunales, más la debilidad y poca valentía en la aplicación de dicho artículo no interviniendo la base de la propaganda revolucionaria – TV3 – y evitando cualquier injerencia en el adoctrinamiento escolar, al tiempo que se convocaban unas elecciones precipitadas nos han situado tras los resultados obtenidos en una situación similar a la que había antes o incluso quizás peor toda vez que lo que vemos fluir en el ambiente es la posibilidad de que aquellos sediciosos, hoy en prisión preventiva, y el ex Presidente Puigdemont , fugado de la justicia, puedan llegar a ejercer sus responsabilidades políticas pese a la gravedad de las acusaciones a las que tienen que hacer frente. El adoctrinamiento continúa implacable y en la opinión pública comienza a hacer mella la posibilidad de la materialización de tamaña insensatez. Lo leemos y vemos de forma atosigante en los medios una y otra vez. Es sinceramente de delirio colectivo, si no surrealista, ver al ex Presidente Puigdemont largar un discurso institucional desde la TV3 tal que si continuara en su cargo ante la pasividad cuando no complacencia del Gobierno del Sr. Rajoy que más parece estar pensando en las próximas elecciones generales que en la defensa de la españolidad de Cataluña. Todo apunta a que al Sr. Rajoy le importa más el Partido que la defensa de la unidad de España puesta en peligro ahora y de nuevo en un inmediato futuro.

El Sr. Rajoy no parece querer enterarse que en la guerra, y esta la es en su carácter subversivo, una vez disminuida la capacidad del enemigo lo que procede  es su destrucción por completo y desde luego nunca contemporizar con él y darle todo tipo de facilidades para que una vez repuestos del golpe continúen con sus objetivos últimos. Así nos encontramos ante una rendición a plazos del estado de derecho y que todo será cuestión de tiempo. Todavía estamos esperando ver alguna reacción tendente a actuar sobre la opinión de esos dos millones de catalanes independentistas que hace apenas un lustro no lo eran, tarea no difícil si bien imposible si no se le quitan las armas al movimiento sedicioso que es lo que no se ha hecho. Más bien todo lo contrario. Todo esto es muy sospechoso y a uno le entran serias dudas sobre las verdaderas y últimas intenciones del Sr. Rajoy. Un Sr. Rajoy que se ufana de los éxitos que en el campo de la economía propaga si bien en clara contradicción con los que maneja Cáritas España. A ver si se ponen de acuerdo porque no cuadran.

Nos encontramos ante una situación que alcanza tintes surrealistas: un Gobierno que actúa para parar un golpe de estado pero que al mismo tiempo les sigue dando a los secesionistas todas las facilidades para continuar con su tarea, un Gobierno que nos habla de sus éxitos en el campo económico previendo un alto crecimiento pero que en la realidad no logra reducir el paro real de forma significativa, eso sí, incrementando la  desigualdad entre clases sociales, digan lo que digan. Que se lo pregunten a Cáritas, por ejemplo. Y un Gobierno que continúa con un incremento de gastos sufragados vía impuestos y deuda y más deuda.

Aún recuerdo como el PP en sus proclamas electorales hablaba de la reducción de las estructuras del Estado para parar la sangría que suponía un Estado Autonómico financieramente insostenible y no sólo no ha hecho nada al respecto sino que se mantiene en las mismas. Asusta leer a más de un eminente economista que al paso que vamos no tardaremos en tener que elegir entre mantener este sistema autonómico o pagar las pensiones, por ejemplo. Causa perplejidad que exista un clima de opinión todavía favorable al Estado Autonómico creado cuando el resultado que observamos es que el número de empleados públicos se ha multiplicado por cuatro, la desigualdad entre regiones se ha incrementado y encima algunos se dedican a dar golpes de Estado. Esto es un dislate.

No, esto no es democracia. Es puro surrealismo y muestra clara de que la sociedad democrática española adolece de una enfermedad grave.

O esto o que los españoles en general, y los catalanes en particular, han alcanzado un grado tal de adoctrinamiento tal que nos encontramos en una situación clara de desgobierno y locura colectiva.

El estrepitoso fracaso electoral del PP en Cataluña, al igual que en el País Vasco hace años, parecen ser hechos indicativos de que al menos se atisba un halo de esperanza viendo surgir algunos partidos conscientes de la peligrosa situación en la que nos encontramos. La irrupción de una mujer valiente y decidida como Inés Arrimadas despierta la ilusión de muchos votantes tanto catalanes como del resto de España.

Lejos están los tiempos en los que el PP ostentaba una mayoría absoluta en el Congreso, más el incumplimiento flagrante de sus promesas electorales ya le hicieron perder 4 millones de votos y lejos de reconsiderar los errores cometidos siguen en la misma línea de incompetencia manifiesta y si alguien lo duda eche una mirada a lo que ha sucedido, sucede y sucederá en Cataluña.

Sí, creo que los españoles nos hemos vuelto locos o más bien muy permeables al adoctrinamiento al que estamos sometidos.