Sensación de derrota

La que me transmite un lector asiduo seguidor de esta columna y buen conocedor de cuanto aquí se ha escrito a propósito del conflicto planteado en Cataluña. Y me plantea esta extraña sensación tras reconocer que haciendo un balance de la situación actual no se puede negar que la autonomía catalana está intervenida, así como sus finanzas, su gobierno en prisión o viviendo en un país “amigo” de la UE con vigilancia hotelera, las organizaciones del movimiento controladas o cuasi disueltas, las organizaciones de apoyo de masas con sus jefes en prisión, las embajadas cerradas, la fuerza armada – los Mossos – como corderitos bajo la batuta de Interior y se cuenta con un unánime apoyo internacional, además del muy importante de la práctica mayoría de los partidos políticos. Sin embargo y pese a todo lo expuesto comparto con mi amigo lector la misma sensación. Sensación que no es sino fruto de la observación de la incoherencia de todas las medidas expuestas al haberse tomado con carácter de interinidad y no con la firme decisión de acabar con el movimiento subversivo. En cualquier clase de guerra, sea esta convencional o subversiva, hay un principio básico de actuación que no es otro que la explotación a fondo de cualquier éxito obtenido de forma implacable, como única forma de alcanzar una victoria completa impidiendo que el enemigo se rehaga. Francamente no parece que sea esta la situación en la que nos  encontramos.

El éxito obtenido al abortar el golpe de estado habido mediante la aplicación del artículo 155 de la Constitución, con la finalidad de revertir el orden constitucional en Cataluña, queda minorizado al contemplar esta situación con un aspecto provisional y desde una perspectiva meramente política. Tal parece que no se acaba de dar cuenta el Gobierno de la Nación que la contrasubversión debe abarcar todos aquellos campos en los que se manifieste, no sólo el de la política, sino en lo social, en lo económico, en lo moral, en lo psicológico… etc. La no intervención de los medios de propaganda básicos del proceso revolucionario y desde luego la no intervención en los centros fundamentales donde se cuece el adoctrinamiento supone claramente una negación de la intención de acabar con el problema. Claro que si tomamos como referencia las recientes declaraciones del Ministro de Educación, el señor Mendez de Vigo, diciendo que en Cataluña no hay adoctrinamiento en las escuelas, pues apaga y vámonos. O si tomamos las de otro experto en la materia como el de Justicia, Sr. Catalá, poniendo fecha límite, y muy cercana, a la intervención de la autonomía, pues otro tanto.

No, no parece que haya intención alguna por parte del Gobierno de solventar el problema revolucionario sino la de convivir con él en espera de mejores tiempos, probablemente para su partido. Cierto es que gracias a Dios se cuenta como antes anticipaba con un unánime apoyo de la inmensa mayoría de las naciones del mundo, más no sucede lo mismo con la de la opinión pública mundial manejada hábilmente por los medios secesionistas y traidores. Las continuas apariciones del Sr. Puigdemont o las del Sr. Junqueras en la prensa internacional dan fe de lo que digo ante la completa inacción del Gobierno de España que al parecer no se da cuenta de que las opiniones populares acaban matizando la de sus gobiernos. Es asombrosa la incompetencia que en el mundo de la comunicación internacional está demostrando el gobierno español.

La apuesta personal del Sr. Rajoy al convocar unas elecciones tan tempranas sin haber siquiera actuado sobre  el centro de gravedad del proceso subversivo va a ocasionar un más de lo mismo alargando el problema sine die.

El gravísimo error de no haber asumido el mando de los Mossos o incluso no haberlos disuelto antes del día 1 de octubre con las consecuencias que esto conllevó y el no haber actuado de inmediato contra quienes declararon y firmaron la declaración de independencia, en su momento, cometiendo un claro delito, es lo que nos ha llevado a donde estamos. Según la Ley de enjuiciamiento criminal cualquier autoridad puede proceder contra cualquier individuo en el mismo momento de la  perpetración del delito. No se hizo así y se dejó todo en manos de la intervención posterior del poder judicial quien sí que actúa conforme a Ley, por supuesto, más esto quiere decir que ahora vamos a ver a los golpistas, estén o no estén en prisión, salir de la misma para obtener su acta de diputado y la inhibición de la Audiencia Nacional en el TSJC o del TS por ser a partir de ese  momento aforados. Raras leyes las españolas sin duda.

No negaré a nuestro Gobierno y a sus apoyos parlamentarios voluntad de vencer más tal y como se desarrollan los acontecimientos a uno le entran serias dudas al respecto.

He aquí la explicación somera a la sensación de derrota de mi amigo lector, y a la mía propia, tan sólo minorizada, en la esperanza, por las palabras que el Jefe de Estado Mayor de la Defensa – de las que pocos medios se han hecho eco – en el diario ABC de hace unos días donde explicitaba que sabía muy bien que había jurado guardar y hacer guardar la Constitución y que las Fuerzas Armadas sabían muy bien cuál era su misión constitucional. Oído cocina.