Y llegó la insurrección general

Con este  ya son cuatro los artículos seguidos en esta columna, a propósito del conflicto en Cataluña, contemplando este desde la perspectiva de la formación militar adquirida, respecto a la guerra en su aspecto subversivo,  en la antigua Escuela de Estado Mayor. Estudios que me permitieron después, bien en la Nicaragua de los 80 o en la ex Yugoslavia de los 90, experimentar su aplicación en aquellas distintas naciones donde con  matices diferentes también se dieron procesos en parte similares.

Francamente nada me gustaría más que haberme equivocado en mis análisis, más lamentablemente, y no me sirve de vanagloria, si Vd. relee cuanto he escrito al respecto podrá ver que los acontecimientos se han desarrollado tal cual predije casi al milímetro.  Más no sólo ha sido en estos últimos cuatro artículos donde he tratado este asunto catalán; de hecho llevo haciéndolo desde hace mucho más tiempo.

Fue hace más de dos años cuando insistí en que los procesos subversivos/revolucionarios requerían ser abortados en sus inicios pues de no ser así  la solución a los mismos se hacía casi imposible. Fue también entonces cuando decía que a las ideas-fuerza de la subversión era necesario oponer otra de más fuerza y fue también hace dos años cuando decía que en este tipo de guerra la cuestión mediática era vital. Incluso, recientemente, apelaba a que era perentorio asumir la competencia de seguridad ciudadana poniendo a los mossos de esquadra bajo el mando del Ministerio del Interior para evitar lo que luego ha sucedido. Pero, ¡caramba! si era absolutamente previsible.

Francamente, en ningún caso me vanaglorio de haber descubierto la pólvora, para nada, pues ya reitero que son acciones tan conocidas de cualquier experto en  subversión/revolución que no me cabe en la cabeza el desconocimiento de todo esto por parte del Gobierno de España pues expertos haylos y muchos.

¿A qué ha sido entonces debida la manifiesta incompetencia del Sr. Rajoy y sus asesores en la gestión de toda esta crisis? ciertamente un misterio.

No olvidemos que según datos que extraigo del ICO, y de estadísticas oficiales, desde que asumió el poder Rajoy en su último mandato se han proporcionado a Cataluña 69.000 millones de euros y que por aquellos días el independentismo en Cataluña apenas alcanzaba una cota del 22% y hoy nos encontramos casi con el 50%.  Sí, ya sé que la cesión de la competencia de la educación fue un gravísimo error – aquí habría que citar no sólo a Rajoy sino también a Aznar y Zapatero –  pero independientemente de esto y si solo atendemos a los datos que antes cité convendrán conmigo  que no cabe adjetivar al Sr. Rajoy de otra cosa que de  una gravísima incompetencia por acción u omisión, me da igual.

Hay otro dato clarificador y es que conforme a estudios estadísticos de la propia universidad de Barcelona, hoy, el sostén independentista – excepto en algunas zonas – tiene su base en la población no de lengua catalana sino en la de origen de la inmigración. Pienso y estoy convencido de ello que a la denominada CUP le importa bastante poco el catalanismo, es más, está utilizando este como medio para alcanzar objetivos que van más allá de la propia independencia.

Y volviendo al manual cabe pensar que estamos ya en la fase prácticamente insurreccional del proceso subversivo o revolucionario. Ya contemplamos la aparición abierta de la organización subversiva, la generalización de la violencia y atentos a la progresiva aparición de núcleos armados con organización militar que en el caso concreto de Cataluña tomarán como base a la sediciosa policía autonómica.

Y ya no quiero seguir haciendo caso al clásico manual – como he hecho hasta ahora – pues de seguirlo nos sumiríamos en una depresión moral, toda vez que tal y como están las cosas podría decirse que esta guerra está perdida. Y yo desde luego, no lo creo así. La sociedad civil está despertando y su presión no permitirá tal derrota.

En la guerra subversiva es necesario tener siempre en cuenta que se lucha por la población y no contra la misma y la realidad es que pese a lo aparatoso de lo que vemos, y de la buenísima gestión mediática por parte de la sediciosa Generalitat, son muchos más los catalanes encuadrados en lo que se denomina la mayoría silenciosa. De nuevo acudiendo a estudios estadísticos de la universidad de Barcelona y merced a técnicas precisas de estudios de masas y manifestaciones se puede comprobar fehacientemente que las masas que inundan las calles de Barcelona, tanto en la diada como en las últimas habidas, se mueven entre una horquilla entre las 300000 y la 800000 personas, incluyendo niños y toda la parafernalia adjunta. De ninguna manera, ni de lejos, constituyen la mayoría social en Cataluña; por eso es tan importante, teniendo en cuenta que se lucha por la población, que es a la mayoría silenciosa a la que hay que amparar y aplicar sin complejos, incluso la fuerza coercitiva, contra la masa alborotadora que han ocupado las calles.

Es increíble a donde hemos llegado por la incompetencia de unos dirigentes inútiles a los que espero que las próximas elecciones borren del mapa. Claro, que ese es otro cantar.

Y en estas estamos cuando, por fin, habló el Rey de forma clara y contundente.  Esperemos ahora que los incompetentes que nos han llevado a esta gravísima situación al menos obedezcan las órdenes y pongan manos a la obra sin complejos utilizando toda la fuerza legal del Estado.