Halcones y palomas ante la subversión

Ante un conflicto presente siempre surgen personas que se declinan por  una actuación directa y contundente sin dilación, mientras que, otras, por el contrario, son partidarias de lo que en argot popular se denomina “templar gaitas”, o sea medidas proporcionales siempre al compás de los acontecimientos. Las primeras son conocidas como “halcones” y las segundas como “palomas”. Sin duda la naturaleza del conflicto y el estado de desarrollo del mismo es la que marca cuales son las acciones a tomar ante el mismo.

Hoy España se enfrenta a un claro conflicto subversivo en Cataluña y, sí, digo subversivo  toda vez que la definición de lo que significa subversión lo deja claro.

La subversión – según la vieja y sabia Doctrina del Ejército – se presenta hoy como un conjunto armónico de acciones diversas, mediante las que una fracción más o menos reducida en su principio, y entre la repulsa o indiferencia de la mayoría de la población, se esfuerza en perturbar su estructura social y política, para derrumbarla y sustituirla por otra.

¿Acaso no es esto lo que hemos visto y vemos que sucede en Cataluña?

Las técnicas utilizadas por los sediciosos y traidores dirigentes de las Instituciones autonómicas catalanas  son simplemente de libro:

Dislocación del  cuerpo social, intimidación, desmoralización, selección de activistas, captación de las masas… etc.,  son algunas de las medidas que se  han ido desarrollando en Cataluña desde hace ya años mediante campañas sicológicas, de infiltración en  instituciones, de organización política, de gestión diplomática y de propaganda en el exterior. Y todo culmina con una fase de insurrección general que es ahora donde nos encontramos y con la que nos amenazan.

En todo este proceso la acción del Gobierno debería haberse encaminado desde el principio a contrarrestar con eficacia cada una de las técnicas subversivas no cediendo nunca la iniciativa a los sediciosos. Sencillamente no ha sido así pues en el fondo subyacen los intereses partidistas de cada uno de los partidos políticos nacionales que son los que nos han llevado a la situación presente.

Y también, en este maremágnum, la persistente presencia de las antes denominadas palomas, timoratas de aplicar medidas drásticas en defensa de la Ley y de su cumplimiento, ha tenido un protagonismo clave. Y siguen erre que erre con pronunciamientos de proporcionalidad, de mesura y de no sé cuantas memeces más cuando es obvio que nos encontramos ya ante la fase de insurrección general antes citada. Parece llegada la hora de los halcones cuando se podía haber evitado hace mucho tiempo; y es que a la clasificación de halcones y palomas yo añadiría la de incompetentes.

Causa pavor oír y leer que el Gobierno se aviene a la reforma constitucional que el PSOE quiere imponer para alcanzar su inventado Estado Plurinacional. De nuevo las palomas en acción buscando su nido seguro jugando con la soberanía nacional.

Cobra cada vez más relevancia la famosa frase que Sir Winston Churchill espetó al Primer Ministro Británico Neville Chamberlain cuando volvió de vender Checoslovaquia  a las ansias expansionistas nazis en una conferencia que pasará a la historia de la traición, la cobardía y la ceguera política:

“Entre la guerra y el deshonor, habéis elegido el deshonor, y tendréis la guerra”.

En Cataluña la opción secesionista era nimia hace no muchos años y hoy ya vemos a dónde nos han llevado, de una parte la inteligencia con la que han actuado los traidores y de otra la mala gestión de los que tenían que haberla enfrentado.

Más del 61% de la población de Cataluña es fruto directo de la inmigración de otras regiones de España  y además un 18% es de origen extranjero, especialmente magrebí, lo que tira por tierra cualquier apelación a un conflicto étnico que sirviera de base a una idea separadora del resto de España.

Si desde el comienzo de la escalada secesionista se hubiera tenido en cuenta que no nos encontrábamos ante un problema político sino ante un problema claro de subversión otro gallo hubiera cantado. Pero la incompetencia manifiesta de los líderes de los partidos políticos nacionales ha frustrado cualquier reacción que expertos en la materia habrían aplicado.

Mientras escribo estas líneas se materializa en el parlamento catalán la llamada Ley de desconexión ante la que el Gobierno reacciona en el más puro estilo “palomista” mediante recursos y más recursos ante el TC sin atreverse a sajar la herida de una vez por todas aplicando la Constitución o la Ley de Seguridad Nacional.

Las palomas alegan que no es bueno caer en provocaciones buscadas por el secesionismo, por ser este su objetivo, sin caer en la cuenta que lo único que hacen con su tibieza es dar pábulo a la citada frase de Churchill antes citada.

Nada me agradaría más que equivocarme en cuanto expongo pero sucede que la constante apelación del Sr. Rajoy de que se cumplirá la Ley es simplemente una falacia toda vez que parece no enterarse de que la Ley en Cataluña hace mucho tiempo que no se cumple.