La cortesía tiene un límite

Cortesía significa amabilidad, consideración y buena educación de la persona cortés, incluyendo por supuesto la vestimenta o protocolo en el vestir. La indumentaria o vestimenta refleja siempre también el respeto o deferencia que se demuestra con ella al acudir a determinados lugares, ante la presencia de alguna dignidad o para conmemorar o celebrar alguna fecha especial. Así los militares se ponen sus mejores galas en días señalados como en la fiesta nacional, en la celebración de las patronas….etc., tal como lo hacían antaño al entrar en combate. No se viste uno igual para ir al cine que para ir a Palacio o por supuesto si uno tiene una entrevista de trabajo en la que desea dar una buena impresión. También y tradicionalmente cuando se celebra alguna fecha significativa era y todavía es en algunos casos el vestirse adecuadamente lo apropiado sin llegar al extremo como el que recordamos del antaño “vestido de los domingos” y siquiera aún mal pervive en algunos ambientes de nuestra España para determinados acontecimientos como en fechas señaladas como la cena de fin de año o las familiares de nochebuena o almuerzo de navidad. Aún recuerdo, y no hace tanto de esto, como en estos días asistir a un evento familiar era objeto de vestir nuestras mejores galas por respeto a la fecha y al anfitrión paterno cuya sola figura la exigía.

Hoy todo ha cambiado y está cambiando a una velocidad asombrosa y lo que otrora era norma hoy ha cuasi desaparecido en aras de una supuesta comodidad o familiaridad. La antaña rigidez de la indumentaria debida ha sido sustituida por la informalidad y en muchos casos por el desaliño y las malas composturas porque, se quiera o no, una cosa sin querer lleva a la otra. Ya no es sólo que se evite el traje o la corbata sino que este hecho va acompañado del no ir afeitado, pelos revueltos sin peinar y etc.

La palabra etiqueta proviene de la cultura anglosajona cuando el “ticket” fijaba las normas y reglas a seguir en la corte británica y por añadidura al resto del comportamiento; sin duda exagerado, pero hoy en esta tierra nuestra la transición social ha sido a lo chabacano, traspasando los límites de la cortesía pues de aquí a ir en pijama por pura comodidad a cualquier acto social sólo hay un pequeño trecho. Lo vemos sin ir más lejos en el Congreso de los Diputados donde se confunde el respeto a lo que debe significar el centro de la soberanía nacional con un mercado cualesquiera. Y como digo que una cosa lleva a la otra también vemos como esta gente de “la modernidad” impone sus reglas y acaba imponiendo sus preceptos saltándose toda norma y regla de urbanidad a la torera. Al final se quiera o no todo acaba en una falta de respeto hacia todo.

Si acude un invitado a mi casa y se dedica a menospreciarme les aseguro que no perderé la compostura pero es muy probable que mi cara refleje mi malestar y el individuo en cuestión callará, se irá y al menos me respetará.

La cortesía tiene un límite y uno no acaba de entender cómo se consiente la presencia de ciertos individuos acudiendo a audiencia con S.M. tal que si fueran de camping o a un carnaval.

No sé, pero me temo que algo igual sería impensable en Buckingham, en El Elíseo o en la Casablanca; aquí se confunde la normalidad con la chabacanería cuando esta no es más que la muestra del desprecio que demuestran algunos individuos hacia las Instituciones e incluso con la Corona. Claro, que el que calla otorga.