A vueltas con la Memoria Histórica

No es la primera vez que desde esta columna analizo los efectos que la Ley de Memoria Histórica está ocasionando en la sociedad española, entre otros los relacionados con los cambios en el callejero de las ciudades  españolas, y desde luego no será la última, por considerar que lo que se está haciendo es ante todo un sinsentido, toda vez que mientras observamos cómo se elimina el recuerdo de los que fueron vencedores en aquella contienda se erigen otros homenajeando a los que la perdieron, de forma sectaria y faltando a la verdad histórica. O todos o ninguno, he dicho más de una vez y lo reitero.

Por otro lado cobra actualidad que como consecuencia de la acción de la justicia nos encontramos que en Madrid el Gobierno de la Sra. Carmena, liderado por Podemos y formado por IU, Equo y Ganemos, ha decidido ahora paralizar el cambio de rótulos de 52 calles por “prudencia”, ya que en las últimas semanas, los jueces de la capital han recibido seis recursos por parte de particulares y asociaciones que piden interrumpir el cambio del callejero. Creen que algunas de las calles mencionadas no se ven afectadas por la Ley de Memoria Histórica. El Gobierno local ha decidido consecuentemente esperar el dictamen de los jueces sobre las medidas cautelares solicitadas. Y otro sí podríamos decir de lo que vemos en otras ciudades, también, como, por ejemplo, Alicante.

La guerra civil que tuvo lugar hace ochenta años es algo que debería quedar en manos de historiadores y en al ámbito de la investigación académica para que la sociedad lo asuma con criterio. Es de todo punto insensato destapar heridas que quedaron cerradas en la Transición y que quedaron ya en las páginas de la historia. El nivel de bienestar adquirido en la España moderna dejó los rencores de aquella guerra en el pasado, más sin embargo emerge de nuevo el odio en el debate político desgarrando España de forma preocupante y lamentable. Plegarse a admitir la imposición sectaria de la LMH es inadmisible cuando no absurdo, pues sería aplicable igualmente contra los que formaron parte del Frente Popular,  cuyas estatuas y símbolos florecen ahora por doquier, ofendiendo a los descendientes de quienes fueron víctimas del odio marxista por el  mero hecho de pensar distinto que aquellos, y así entraríamos en una espiral absurda y sinsentido.

De mi caso particular – en el que no voy a incidir – podría recordar que aún sigo sin saber donde están los restos de dos hermanos de mi padre, asesinados por las milicias del amanecer en Madrid, por el mero hecho de formar parte de una familia conservadora. Así, sin más. Pero ya digo que no insistiré en circunstancias personales, si bien releyendo la citada LMH vemos como esta “reconoce el derecho a la reparación moral y a la recuperación de la memoria personal y familiar de quienes padecieron persecución y violencia durante la guerra civil por razones políticas, ideológicas o de creencia religiosa”.  Y releyendo la Ley me pregunto si una persona como José Antonio Primo de Rivera que fue perseguido, encarcelado y fusilado por motivaciones políticas e ideológicas, sufriendo serias irregularidades judiciales y legales en el proceso por el que se le condenó a muerte, no está afectado por esta Ley.

Me pregunto qué pasaría si sus herederos exigieran su reparación y reconocimiento como víctima de la guerra civil. La situación es tan aberrante que, por ejemplo, en la Comunidad de Aragón, se prohíbe el canto del “Cara al sol” mientras entonan alegremente la “internacional” puño en alto recordando los mejores tiempos de la Unión Soviética y de los “gulags” que tanto añoran.

Todo cuanto estamos viendo es una absurda pantomima de odio, que no conduce a nada bueno y que los dirigentes políticos deberían reconducir. Lamentablemente, la calle y los medios están en manos de los amantes de la revancha inútil, ya que el PP ha preferido abandonar a la mayoría de sus votantes, huyendo del calificativo de “franquista” situándose cada vez más lejos del centro-derecha que dice representar.

No tengo duda alguna de que la irresponsabilidad histórica de este partido, el PP, acabará más tarde o más temprano con ellos mismos, si bien quizás antes como consecuencia de su desmedido afán de meter la mano en la caja pública, tal y como vemos con asombro de forma continua en los últimos tiempos.