Savia joven para el Ejército

El mes de julio es el mes del año en el que miles de jóvenes muchachos optan a ingresar en los Ejércitos, especialmente en las escalas de oficiales, y suboficiales; también es el momento en que otros tantos terminan sus estudios en las academias militares y obtienen las patentes de sus empleos de oficiales o suboficiales. Todos los años sucede lo mismo desde hace ya largos años y aunque las circunstancias no son las mismas la realidad es que no son pocos los jóvenes que optan por un estilo de vida que ya saben no será nada cómodo y en el que desde luego no cabe esperar el enriquecerse económicamente ni pronto ni tarde.

La cultura de defensa en España es muy pobre y la sociedad desconoce en gran medida lo que son y hacen nuestros ejércitos y aquí incluyo el conocimiento del devenir personal de los hombres que los componen.

No es mi intención hacer una loa de los sacrificios y vicisitudes de la vida militar sino siquiera exponer que, cuando en la sociedad hedonista y relativista moral en la que nos ha tocado vivir, sí que hay muchos españoles que aún sienten la llamada del servicio a su pueblo, a su Patria, en los ejércitos, a sabiendas de que se comprometen a un estilo de vida en el que deben estar dispuestos a todo, incluso hasta dar la propia vida; y buen ejemplo de ellos son los casi 200 muertos que nuestros ejércitos  han tenido en los últimos veinte años bien sea en accidentes o en operaciones de combate.

Y mientras veo la larga cola de los opositores a las academias militares entrar en el centro donde se examinan, oigo en la radio las vicisitudes políticas de la jornada y, ¡cómo no!, me asombro de la desvergüenza de aquellos que como Pedro Sánchez  son capaces de vender la España que tantos siglos costó forjar por un simple plato de lentejas; su obsesión por sentarse en la Moncloa lleva al PSOE y a España a un incierto reino de taifas o cantones,  a un “dejá vu” de otros tiempos  de los que seguramente ni siquiera ha oído hablar.

¡Cuán lejos está este individuo de los jóvenes que tengo delante!

Más vuelvo a donde estaba y me paro a analizar la importancia que en estos momentos claves de nuestra nación tiene el ver esta savia joven  incorporarse a nuestros ejércitos y digo claves porque está en juego nada menos que nuestra soberanía como pueblo cuando unos dirigentes en su mayoría corruptos moral y económicamente pretenden nada menos que la secesión de una parte consustancial de nuestra Patria.

Por supuesto que reina la preocupación creciente en las filas de los ejércitos por más que alguno de sus mandos haya dicho con ligereza asombrosa que la cuestión catalana es un problema político-legal como si no existiera el artículo 8 de la Constitución y los juramentos o promesas fueran pura formalidad.

No puedo por menos que recordar a  Winston Churchill cuando dijo “que con soldados canadienses, tecnología americana y sobre todo con oficiales británicos sería capaz de dominar el mundo” resaltando con esta opinión el orgullo que sentía por los líderes de su ejército, por supuesto el británico; frase que yo transformaría en “que con soldados españoles, tecnología española y oficiales españoles” España dominó el mundo durante casi trescientos años. Sólo cuando políticos del tres al cuarto aparecieron, y aparecen hoy de nuevo en escena, aquella grandiosa misión  se truncó y tal parece que se repite la historia una y otra vez.

Sí, savia nueva y joven es la que veo hoy y en esa juventud está la esperanza de España como nación. Desde luego no en una gran mayoría de aquellos que ocupan los escaños de nuestras Cortes que sólo actúan movidos por los intereses particulares de cada partido que no son precisamente los del pueblo español a quien dicen representar.

Las Fuerzas Armadas constituyen hoy quizás la única institución en donde no se ha instalado la dictadura del relativismo moral y buena prueba de ello se extrae de la mera observancia de su estilo de vida y desde luego de lo que vemos estos días en los actos en los que se entregan  los reales despachos de oficial y suboficial en las diferentes academias militares.

Es indudable que mi criterio es evidentemente subjetivo más no lo es el describir objetivamente la adscripción a viejos ideales, que en los citados actos vemos, cuando se pide el amparo divino y se jura o promete la dedicación a España.