A propósito del 18 de julio

El estudio de lo que sucedió en España el 18 de julio de 1936 – hace ya 81 años – debería ser exclusivamente objeto de historiadores, sin embargo las circunstancias en las que se desenvuelve la política española en estos momentos nos llevan irremediablemente a recordar una y otra vez la tragedia que supuso la guerra civil, toda vez que pese a la distancia en el tiempo nos encontramos con muchas similitudes en la España de hoy con la de aquella España ( la foto que acompaña este artículo, anacrónica y extemporánea en la Europa de hoy, lo demuestra). Así vemos surgir movimientos populistas claramente comunistas y de otra la amenaza secesionista planteada por independentistas catalanes  complementados hoy por la relatividad moral de una derecha cobarde que hace estragos en una sociedad que  parece no ser  consciente de que  el riesgo de una ruptura nacional no es un espejismo. Sí, la situación no es nada halagüeña, si bien la sociedad española ha evolucionado y alcanzado un nivel de vida y de bienestar que nada tiene que ver con la España de entonces, algo que es de vital importancia pues de  no ser así la tragedia podría estar presente otra vez, y Dios no lo quiera, pero algunos parecen empeñados en resucitar viejos fantasmas.

Sí, la España de hoy no tiene nada que ver con la de entonces y comprobar esto es fácil : basta con darse una vuelta por barrios periféricos de Madrid y constatar que ya no sólo la inmensa clase media – que entonces era nimia – sino que la entonces denominada clase obrera tiene hoy un nivel de vida a años luz de la que tenía entonces y, claro , no es lo mismo lanzarse a la calle cuando uno no tiene nada que perder – como en 1936 – que cuando ya  tiene casa, aire acondicionado, uno o dos coches… etc. No, nada es igual y creo que estaríamos cercanos a una sociedad tranquila y esperanzada si no fuera por la irrupción de los movimientos antes citados, movimientos creados y auspiciados por una clase política nefasta e irresponsable que crea problemas donde no los había en aras de intereses personales y de partido. Y lo malo es que tienen a su disposición el control de los medios con los que orientan y adoctrinan a un pueblo en gran medida adocenado. El ejemplo más claro de esto lo encontramos en la lamentable tergiversación  histórica que se hace de lo que sucedió en julio de 1936. La aseveración de que entonces un grupo del Ejército se levantó en armas contra el Gobierno legalmente constituido es hoy dogma de fe a pesar de que abundan  documentos históricos que demuestran con argumentos fehacientes la falacia de que aquel alzamiento no fue  un simple golpe de estado contra la legalidad vigente, por la sencilla razón de que en España a mediados de 1936 no existía legalidad de ningún tipo sino una situación caótica de estado claro de emergencia y necesidad nacional.

Los constituyentes que en 1978 escribieron la Constitución española eran bien conscientes de  que lo que está acaeciendo hoy en España era algo que podía llegar a suceder y esta es seguramente la razón del porqué del Art. 8 de la misma donde se asigna a las FAS la misión de la defensa de la unidad de España, su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.

Queda meridianamente claro que en última instancia en el hipotético caso de fallar los organismos constitucionales responsables de la defensa de la legalidad constitucional siempre quedarían al final las FAS. Esto es lo que dice la Constitución española se lea como se quiera leer.

Establecidas así las cosas es obvio que  aquellos dispuestos a conseguir como fuera la ruptura de la nación española tuvieron desde el primer momento el clarísimo objetivo de desactivar cualquier posibilidad de intervención de las FAS en defensa de la unidad nacional y es en esa tarea donde encontramos que ,ley tras ley, norma tras norma, las FAS se han transformado en una entidad donde se hace terriblemente dificultoso el que en algún impensado momento pudieran intervenir en cumplimiento de su misión constitucional de forma autónoma.

El que fuera Ministro de Defensa, Narcis Serra, lo dejó escrito con claridad en un libro titulado “la transición militar” donde marcaba las pautas a seguir al respecto. Hoy vemos como todo cuanto este individuo escribió al respecto  ha sido seguido con minuciosidad por todos los gobiernos socialistas y, lo que es penoso, también, por los del Partido Popular si cabe incluso con mayor entusiasmo.

Lo que sucedió en 1936 es de todo punto – afortunadamente –  imposible que vuelva a suceder más. Al contrario, hoy el golpe de estado está siendo propiciado y proclamado por otros con toda impunidad y esperemos que la fuerza del Estado y sus responsables estén a la altura de las circunstancias y tengan la valentía de impedirlo.

Y ya que he empezado hablando de los sucesos del 18 de julio de 1936  no me resisto a transcribir lo que Franco escribió en sus postreros momentos por la rabiosa actualidad que cobran hoy sus palabras:

“Velad también vosotros y para ello deponed frente a los supremos intereses de la patria y del pueblo español toda mira personal “

“Mantened la unidad de las tierras de España, exaltando la rica multiplicidad de sus regiones como fuente de la fortaleza de la unidad de la patria”

Ya sé que hoy es del todo políticamente incorrecto recordar la figura de Franco, más releyendo desde una perspectiva histórica su proclama, ¡caramba!, pues no estaría de más que nuestros mediocres gobernantes atendieran a lo que dejó escrito con clarividencia manifiesta. Inútil tarea, pues para unos mencionar a Franco es como mentar a la bicha y porque en otros, la media España que estuvo con él, se ha instalado simplemente la cobardía relativista.