El problema catalán y el Ejército

Con motivo de la celebración del 40º aniversario de la creación del Ministerio de Defensa, María Dolores de Cospedal pronunció un polémico discurso de reivindicación de la misión histórica y constitucional de las Fuerzas Armadas destacando especialmente que “por tierra, mar y aire, las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil se encuentran donde haya que proteger los valores de la Democracia y la Constitución, pero también la integridad y la soberanía de nuestro país.

El acto se celebró en la sede del Ministerio al mismo tiempo que los secesionistas catalanes de Junts pel Sí (JxSí) y la CUP presentaban en el Parlamento de Cataluña su particular ley del Referéndum.

Como era de esperar no tardaron en aparecer declaraciones de todo signo criticando estas palabras que en sí no recogen más que lo que la propia Constitución española establece en su Art. 8.

Hemos llegado a un punto en esta nación donde se puede anunciar un golpe de estado – el que ya proclama la rebelde Generalitat catalana – con absoluta impunidad y simplemente recordar la Ley vigente se convierte en un drama.

La situación es de extrema gravedad y la pasividad del presidente Rajoy, y de su Gobierno, comienza a ser desesperante por los efectos que está produciendo en la población catalana no separatista. Son muchos los españoles que asistimos atónitos a las reiteradas declaraciones de que se cumplirá la Ley cuando vemos continuamente el incumplimiento flagrante de esta en todos los ámbitos en Cataluña. ¿O acaso no lo es el estado de rebeldía del Sr. Puigdemont y su panda de sediciosos? Son tantos los casos de incumplimiento de la Ley que sobran páginas para contarlos.

Y por si fuera poco el grado de confusión reinante  nos encontramos al Sr. Pedro Sánchez contrario a la aplicación de toda medida coercitiva; sólo pensando en su inventado Estado Plurinacional y sólo pendiente de sus ansias de poder y de alcanzar la poltrona de la Moncloa, que es lo único que le interesa. Todo lo demás le da igual. Es así de claro. Este hombre, falto de toda clase de principios, es un serio problema para el PSOE y para España.

Y al mismo tiempo la posición destructiva del Sr. Iglesias y sus correligionarios marxistas es clara: todo lo que lleve a la ruptura de la nación española será beneficiosa para su objetivo final de instalar en España una República bolivariana al más puro estilo de la ortodoxia soviética. La bajeza moral de este señor y la de sus comparsas raya ya en el esperpento.

Es en este grado de deterioro de la situación política donde la amenaza secesionista navega viento en popa y los augurios no son nada buenos.

Pues claro que el estado de preocupación reinante en las Fuerzas Armadas es notorio y lo es por la sencilla razón de que, al margen de los sentimientos personales, aquellas tienen un mandato constitucional de todos conocido. Un mandato que define a las FAS como garantes de la integridad territorial y del ordenamiento constitucional, si bien debe quedar claro que dentro del contexto general que marca la propia Constitución: la defensa del Estado corresponde al Gobierno y al Tribunal Constitucional velar por su integridad. Estas son las reglas y las FAS se atienen a ellas con escrupulosa actitud pero que nadie se llame a engaño pues esta no va en contra de la de que las Fuerzas Armadas tienen una responsabilidad manifiesta en la defensa de la Constitución y no debe haber ninguna duda de que la cumplirán si las circunstancias nos llevaran a situaciones de todos no deseadas. Situaciones impensables pero que comienzan a vislumbrarse por extraño que parezca como imposibles.

Por otro lado surgen, al mismo tiempo, movimientos reformadores de nuestra Constitución, con la idea de conseguir lo que me parece ya inalcanzable: la aquiescencia al pacto de los grupos independentistas.

Se habla de la necesidad de la reforma de las vías electorales, de la justicia, de las medidas anticorrupción… etc. Algunas de ellas seguramente necesarias pero mucho me temo que los tiros – para algunos – van en otra dirección.

Me refiero a que esas intenciones se dirigen a la esencia de la misma Constitución: al concepto de la Unidad de España reflejado explícitamente en el Artículo 2 del Título Preliminar, a la indisolubilidad de la Nación española. Algo que de tener éxito supondría un suicidio colectivo. Unos por la vía reformista – como el PSOE – y otros, como los partidos radicales, por la de desarrollar un proceso constituyente.

Es seguro que de llegar a producirse esa reforma constitucional el actual Art. 8 desaparecería de la propia Constitución y con él el mandato que actualmente otorga esta a las FAS. En definitiva vía libre a la ruptura y descomposición de la nación española.

Aún queda mucho por ver y por hacer y entre otros asuntos la del posicionamiento de la Corona ante la ruptura. Francamente no puedo creerme que Felipe VI quiera pasar a la historia como el Rey bajo cuyo reinado se deshizo la tarea iniciada por sus antepasados, hace tantos siglos, y otrosí podría decirse del presidente Rajoy culpable por inacción, que no por una débil y malentendida prudencia, de la situación en la que nos encontramos.

No hace mal la Señora Cospedal cuando recuerda cuales son las misiones constitucionales de las FAS; al fin y al cabo tal parece que estas constituyen la única Institución que cree en la unidad de nuestra nación y que además cumple lo que se le ordena.