España, ¿Nación de naciones?

En su Congreso, recientemente celebrado, el PSOE ha asumido por amplia mayoría el «carácter plurinacional del Estado», propuesto por el equipo de Pedro Sánchez, añadiendo que es necesaria «una reforma constitucional federal, manteniendo que la soberanía reside en el conjunto del pueblo español», o sea, podemos deducir de este aserto que para los líderes socialistas España es una nación de naciones.

El artículo 6 de la Constitución nos dice que los partidos políticos expresan, entre otras cosas, la manifestación de la voluntad popular; de aquí cabe, por lo tanto deducir, que los líderes socialistas encabezados por Pedro Sánchez  han sido capaces de captar el sentimiento generalizado de aquellos españoles partidarios del ideario socialista, que consideran que España está constituida por diferentes naciones. Es evidente que así lo piensan, pues si no fuera así no lo habrían  propuesto.

La cuestión principal es que tengo la impresión que esa no es la realidad.

A ver, a fuero de equivocarme, creo que no es ese en ningún caso el sentimiento de los españoles, socialistas incluidos, en ninguna de las diferentes regiones españolas, y entre estas incluyo a Cataluña y el País vasco donde al menos la mitad de la población no comulga con las tesis separatistas, lo que nos lleva a un peligroso análisis de lo que en realidad se están convirtiendo los partidos políticos.

Veamos: si damos por cierto que efectivamente los españoles pensamos que somos un conjunto de naciones y no una sola nación pues, venga, formalicémoslo y vayamos todos juntos a la ruptura, y por ende al desastre, pues no cabe esperar otra cosa en un mundo globalizado y donde sólo la unión hace a las naciones fuertes y competitivas ante otras.

Más si por el contrario sucede que ese no es el sentimiento de los españoles y nos encontramos con una situación en la que los líderes políticos son los que, sin importarles el sentimiento real del pueblo, modelan la opinión pública con el único objetivo de alcanzar sus anhelos o ambiciones nos encontramos ante un verdadero problema de fondo del sistema representativo. Y esto sí que es grave.

Lo que estamos viendo en España es una lucha feroz por el poder donde todo vale. El Sr. Pedro Sánchez – otros también – anhela alcanzar la Presidencia del Gobierno como sea y nos demuestra todos los días que con tal de llegar a la Moncloa es capaz de cambiar sus principios – suponiendo que alguna vez tuviera alguno –  a cualquier precio incluido el de desfigurar por completo lo que siempre fue durante 138 años el propio PSOE.

Lo lamentable de todo esto es que  cual borregos camino del matadero se lleva con él a tantos y tantos que ¡oiga! hasta se creen todas estas memeces. Supongo que con la esperanza de alcanzar algún día alguna dádiva en forma de puesto o lo que sea.

Esto no es más que la quiebra total del sistema representativo que nos marca la Constitución. El PSOE en lugar de recoger la manifestación popular – la de verdad – establece unos “principios” que a partir de ahora, con medidas de apoyo mediático, va a instalar en el sufrido pueblo español. Esto es una clara tergiversación de lo que deberían ser los partidos políticos.

Lo más grave de todo esto es que, además, por si fuera poco, nos encontramos con la mediocridad de estos políticos profesionales que han tomado la política como un modo de vida y no saben hacer otra cosa.

Malos tiempos se avecinan para nuestra nación pues esta experiencia de la plurinacionalidad ya ha sido experimentada en España y no precisamente con éxito. No recurriré a la historia de los reinos de taifas o a la época cantonal, periodos históricos que estos indocumentados parecen desconocer del todo, sino a una llamada a la sensatez del vulgo común.

No es difícil desmontar escolásticamente este asunto de la plurinacionalidad de España. Sobran argumentos fehacientes para hacerlo y de hecho abundan estos días artículos y comentarios serios que desmontan este tinglado. No lo voy a hacer por obvio y por cansino. Sí que diré y mantengo que es de mentecatos tragarse estos sapos y aunque no confío mucho en la cacareada sapiencia del pueblo – el ejemplo más claro de esto es lo que estamos viendo en Cataluña – sí tengo la esperanza de que todo esto sea un viaje a ninguna parte.

Hoy cuando Europa busca su unión monetaria y política con no pocos problemas aparecen por estos lares iluminados que en vez de sumar restan y nos colocan en clara posición de inferioridad respecto a otras naciones.

Esto es todo un sinsentido.

Espero al  menos que a mí – como le pasa a muchos otros españoles – nacido en Madrid y con ancestros en Castilla, Francia, Cataluña y Baleares alguien me aclare de que nación soy pues cierto es que me tienen confuso y perdido.

Francamente me pregunto porque nuestros nefastos líderes en lugar de dedicarse a los problemas reales del pueblo se dedican a sembrar discordias y a enredarse en dislates.

Pobre España en manos de estos ineptos que no lo son tanto cuando de alcanzar sus intereses personales se trata.