Algo breve a propósito del Brexit

En apenas un mes se cumplirá un año del referéndum que el 23 de junio de 2016 convocó el entonces primer ministro David Cameron para que el pueblo británico decidiera su permanencia o salida de la Unión Europea. El 51,9% de los votantes apostaron por la salida, frente al 48,1% que optó por la permanencia. Una exigua diferencia que no debería ser válida para una opción de esta importancia para Gran Bretaña y Europa. Decisiones como esta deberían requerir una mayoría mucha más amplia.

Era evidente que Cameron necesitaba cohesionar al Partido Conservador ante el avance del euroescepticismo y del populista partido UKIP de Nigel Farage y con esta promesa electoral ganó las elecciones en mayo del 2015 por mayoría absoluta y consecuentemente convocó el citado referéndum cuyas consecuencias aún están por ver.

La primera de ellas ha sido constatar la división que ha creado en el Reino Unido y así nos encontramos ante un choque generacional – los jóvenes votaron en su mayoría por el “remain” – , el contraste entre el mundo rural y el urbano y desde luego el problema que se ha creado en Escocia y en Irlanda del Norte que ya están abogando por la ruptura con el Reino Unido. Resulta una tremenda paradoja que el argumento básico que el Gobierno británico empleó cuando se celebró el referéndum en Escocia era el de que su salida del RU implicaba su salida de la UE y ahora el pueblo escocés se siente engañado y con razón.

La realidad es que la encrucijada en la que se encuentra ahora tras el referéndum la Gran Bretaña es una situación ciertamente patética sobre todo si nos acordamos que en 1973 el RU era el tercer país más pobre de la UE y que su progreso desde entonces ha sido notable y además gozando de un “status” especial dentro de la Unión, como, por ejemplo, estar fuera del espacio “Shengen” y de la zona euro.

Uno tiene la impresión que los dirigentes británicos ya se han dado cuenta del enorme error que se ha cometido. De entrada porque lo cierto es que en ningún caso se explicó al pueblo británico las consecuencias de una decisión como esta embebidos como estaban en sus rencillas internas  y porque al fin y al cabo su situación en la UE respondía perfectamente a lo que un día dijo Margaret Thatcher de que “la única razón de peso para estar en la UE es no estar en ella”.

Y, ¿ahora qué?  Pues hay un plazo de dos años para las negociaciones con Bruselas sobre las condiciones de la ruptura, que ha empezado a contar desde el momento en que el Reino Unido ha entregado la carta al presidente del Consejo Europeo, invocando el Artículo 50 del Tratado de Lisboa, un artículo conformado por cinco puntos que establece el mecanismo para la salida de un país de la UE y que especifica que “todo Estado miembro podrá decidir, de conformidad con sus normas constitucionales, retirarse de la Unión”.

Sin duda ya no hay marcha atrás. “Brexit is Brexit” y ahora las negociaciones en curso, que van a ser duras, fijarán el futuro.

Por lo que a España respecta varias son las consideraciones que se pueden extraer y que nos pueden afectar en mayor o menor medida: así desde el punto de vista económico quizás sea la futura situación de los 200.000 españoles que residen en el RU y los casi 800.000  británicos que lo hacen en España la que más nos puede preocupar toda vez que la de los intercambios comerciales aún siendo importantes intuyo que deben preocupar más a los británicos que a nosotros pues España creo que podría diversificar su exportación con más facilidad que el RU.

Mención aparte merece el cuasi paraíso fiscal que supone la City, como centro global de finanzas, si no se permitiera al RU, como así parece, el acceso al mercado único. Empresas, bancos y la gran patronal, apostaron abierta y mayoritariamente por la permanencia y ahora desean al menos un acuerdo lo más amplio posible de libre mercado, que dé al Reino Unido las mayores vías de acceso a dicho mercado único en un futuro; de hecho algunas importantes entidades han comenzado a trasladar a parte de su personal instalado en Londres. Es el caso de la banca HSBC que se ha llevado 1.000 puestos de trabajo por ejemplo a París y aquí ciudades españolas como Madrid o Barcelona podrían salir beneficiadas.

Desde el punto de vista de la Defensa europea no parece que la salida del RU de la UE vaya a afectarnos en absoluto. De una parte porque la defensa de Europa es cuestión fundamental de la OTAN y de otra por la sencilla razón de que la aportación británica a la defensa de la UE es cuasi simbólica. Apenas un 11% del esfuerzo europeo.

Y pese a que son más los efectos que el BREXIT puede tener sobre España no quiero terminar estas líneas sin hacer mención al secular contencioso de Gibraltar toda vez que esta situación inesperada puede por fin dar salida a las legítimas aspiraciones de España de recuperar su integridad territorial. De entrada la UE ha dado “de facto” derecho de veto a España sobre este asunto algo que ha soliviantado los dirigentes gibraltareños quienes van a tener que elegir muy bien al responder a su corazón o a su cartera. El BREXIT les pone en una situación para ellos insostenible si no son capaces de adecuarse a la inmejorable posición que les puede ofrecer España y es que la posible opción de una cosoberanía con Gran Bretaña con la posible creación de una gran zona franca en la zona es la única salida que les va a quedar si no quieren ir a la ruina. Cierto es que desde Gibraltar abogan por la dependencia que para España supone el factor humano de los 7000 trabajadores que cruzan diariamente la verja y el lamentable 40% de desempleo que existe en La línea pero no conviene que olviden que si España se pone las pilas pudiera suceder lo mismo que hace años se hizo en Asturias con la reconversión industrial de la siderurgia y que entonces afectó a 25000 trabajadores, casi cuatro veces más  que los que aquí hay.

Y termino ya aportando algo quizás anecdótico pero que quizás no lo sea tanto y es que ya hay iniciativas para eliminar el inglés como idioma oficial de la UE.

Hay que ver a donde conducen a los pueblos los malos políticos y este es un caso de libro; claro que de eso aquí ganamos con creces y el ejemplo más claro es el de la persistencia del derecho a decidir de los catalanes sobre una parte de España impulsado no sólo por malos políticos sino además corruptos.