Como destrozar una ópera y algo más

Carmen es una ópera dramática con música de Georges Bizet, basada en la novela Carmen de Prospero Merimée y presentada en París en 1875. Está ambientada en Sevilla y la protagonista es una bella gitana. Esta obra cobra hoy actualidad de nuevo por una readaptación libre que el director Calixto Bieito, un castellano burgalés, que reside en Basilea, también director del teatro Arriaga de Bilbao, ha presentado en la capital de Francia. Este señor, Calixto Bieito, se dedica fundamentalmente a la readaptación de óperas clásicas, que no a productos de su creación, y de paso a poner en escena los más rancios clichés de todo lo español tan del gusto de determinado público sectario allí en Francia y aquí en España. Y así vemos en este bodrio de obra a legionarios españoles en una orgía desenfrenada paseando además la bandera de España por los suelos con un claro menosprecio de un símbolo que representa a nuestra nación. Sin duda se dirá que este señor es muy libre de ejercer su libertad de expresión, y no seré yo quien le niegue a nadie este derecho, si bien matizo que esta tiene sus límites en el respeto a los sentimientos de los demás, en este caso el de muchos españoles. Dicen que es una actitud transgresora que entra dentro del concepto del arte pero para mí que no es más que una actitud de imbecilidad llena de odio y prejuicios teñida además de sutil cobardía puesto que ya me gustaría ver si es capaz de hacer lo mismo sustituyendo a los legionarios españoles por franceses y la bandera de España por la de Francia. Me temo que no.

La ópera en sí no es más que, como dije antes, simplemente un bodrio de obra, escasa de ningún valor artístico, y que seguramente no busca otra cosa que la notoriedad a través del fácil insulto a quienes sabe que no le van a responder. Hoy resulta barato ofender a nuestros ejércitos y a nuestra Bandera pues el grado de degradación moral en el que se encuentra nuestra sociedad permite todo con absoluta impunidad. Este señor Bieito de apellido seguramente de origen gallego y “maketo” en Bilbao esconde un complejo personal que no sería muy difícil de descubrir y he aquí probablemente el origen de una frustración que vuelca en insultos a los demás. No merece ni una línea más por mi parte salvo aconsejarle que deje Basilea donde vive – seguramente por razones fiscales, el muy truhán – y se dé una vuelta por la España real, la que en los momentos en los que la contaminación política se olvida, muestra su aprecio a sus soldados. Yo le aconsejaría, por ejemplo, que repase – ya que de legionarios habla – lo acaecido en Málaga en los actos de la semana santa un año sí y otro también y vea el fervor con el que el pueblo acoge a la Legión española. No creo que lo haga pues es evidente que sufriría una urticaria digna de ingreso urgente en un hospital. La misma urticaria que en estos momentos sufren sus colegas podemitas llenos de odio y de rabia ante el fracaso de sus intentos para boicotear el sentimiento religioso de la mayoría del pueblo español y bien que lo han intentado. Y seguirán haciéndolo mientras la pasividad sea la norma de la sociedad de bien, aquella que quiere respetar las normas y tradiciones y convivir en paz en una España que sólo quiere el progreso y la justicia. El insulto barato y la agitación callejera son sus armas principales y bien que lo vemos estos días cuando se pasean en un autobús, ilustración gratuita del odio, con el beneplácito de quienes deberían velar por la concordia social como, por ejemplo, en Madrid donde una decrépita alcaldesa que no tiene en ningún caso la representación del pueblo madrileño – si gobierna es por el apoyo táctico del PSOE – les permite la pantomima.
El señor Bieito guarda sus caudales en Basilea al tiempo que al Sr. Pablo Iglesias se le descubren cuentas en paraísos fiscales y es cuestión de preguntarse hasta cuando el pueblo español va a aguantar a esta panda de sinvergüenzas que hablan de casta cuando ellos son paradigma de lo peor de esta.