Radicalismo islámico en los Balcanes

Los acuerdos de Dayton firmados en 1995 supusieron el fin de la guerra de Bosnia, dentro del conjunto de conflictos armados acaecidos entre 1991 y 1995 en los Balcanes. Una guerra causada por una compleja combinación de factores políticos y religiosos que duró algo más de tres años y que causó cerca de 100.000 víctimas entre civiles y militares y 1,8 millones de desplazados. De las 97.207 víctimas totales documentadas, el 65% fueron bosnios musulmanes y el 25% serbios. Dentro de las víctimas civiles, el 83% correspondió a bosnios. Sencillamente, fue una terrible tragedia en Europa, aunque a muchos ciudadanos de la parte más occidental y "clásica" de Europa les parezca algo muy ajeno y lejano.

Para dar cumplimiento a los acuerdos citados, la OTAN desplegó una fuerza multinacional conocida por sus siglas en inglés como SFOR en Bosnia y Herzegovina. En esa agrupación armada participó activamente España y, formando parte de ella, el que les escribe al mando de un Batallón de Infantería de Marina allá por 1999, precisamente al mismo tiempo en que se desarrollaba también la guerra en Kosovo.

Una guerra que, como ya indicaba con anterioridad, tuvo su origen en muchos factores y entre otros el religioso, tal que si nos encontráramos todavía en la edad media; así, bandos católicos, ortodoxos y musulmanes se enfrentaron con una dureza y crueldad terribles. La zona de acción de mi batallón ocupaba territorio serbiobosnio de mayoría étnica ortodoxa una zona donde antes de la guerra convivían también bosnios de etnia musulmana, en esos momentos ya desplazados y expulsados. Tuve, no obstante, muchas ocasiones de convivir y hablar con estos bosnios de religión musulmana desplazados de sus hogares y siquiera aprender de sus costumbres y tradiciones. Una comunidad islámica cercana a la escuela de pensamiento hanafita de la rama suníe muy lejos de cualquier radicalismo, afectada también por una fuerte secularización debida a la fuerte influencia de 50 años de comunismo. Es por eso que al leer hoy un informe relativo a la procedencia de los combatientes del DAESH en el que se cita que hay nada menos que 330 procedentes de Bosnia, 300 de Kosovo, 110 de Albania y 100 de Macedonia mi asombro se acrecienta al recordar la aparente falta de radicalidad de los que yo traté.

Y ¿cuál es la razón de esto?

Para entenderlo hay que recordar que durante el periodo de la guerra fueron más de 2.000 los árabes mujaidines que acudieron en apoyo de los bosnios musulmanes y que, pese a que en los citados Acuerdos de Dayton se precisaba que los combatientes extranjeros debían abandonar el país, no fue del todo así y muchos de ellos permanecieron en Bosnia e incluso hoy se los puede encontrar viviendo en comunidades rurales, en cierto modo aislados en parte, practicando su religión musulmana con claras influencias salafistas. Añádase a todo esto la precariedad económica de la zona donde el paro, especialmente el juvenil, es muy alto alcanzando cifras de hasta un 57% propiciando un caldo de cultivo inmejorable para la expansión de las ideas que el autodenominado estado islámico propaga. Así nos encontramos con el hecho de que el salafismo, apoyado por fondos saudíes, explota esta situación en todos los países balcánicos a través de las mezquitas, centros de ayuda humanitaria y organizaciones no gubernamentales. Es decir, la penuria existente en Bosnia y Kosovo es aprovechada hábilmente por los ideólogos salafistas para transmitir las ideas radicales del Islam más ortodoxo, otrora pacífico y que convivió durante siglos en aquellos territorios con otras religiones. He aquí la razón del porqué del elevado número de combatientes reclutados en Bosnia y Kosovo para luchar junto al denominado DAESH en Siria. Salvando la distancia y las circunstancias a mí me recuerda lo que también viví en Centroamérica donde países como Guatemala o Honduras, de honda tradición católica, ven hoy como una casi mayoría evangelista se apodera de sus creencias y ello debido al hábil aprovechamiento que las misiones procedentes en su mayoría de los EEUU hacen a través de la ayuda humanitaria en todos sus aspectos.

Recuerdo con asombro lo que una de las intérpretes que tenía en mi batallón me dijo en una ocasión cuando le hablaba yo de que por fin había llegado la paz a Bosnia. Sus palabras consistieron en algo así como que no me preocupara pues todo era un espejismo, ya que llevaban mil años en situaciones parecidas y que, con el tiempo, volverían.

El Islam llegó a los Balcanes en el siglo XIV, con el Califato Otomano y la interacción entre las poblaciones musulmanas procedentes de Turquía y determinados pueblos balcánicos produjo la islamización de lo que hoy es Bosnia, Kosovo y Albania.

Nada como la sosegada lectura del libro del Nobel Ivo Andric “ Un puente sobre el río Drina” para entender la islamización de lo que hasta hace poco conocíamos como la tierra de los eslavos del sur, Yugoslavia, que hoy tal vez tendría una extraña prolongación con la irrupción esta vez no de turcos sino de salafistas árabes.

Hay personajes en la historia que merecen un estudio a fondo de su pensamiento y logros. El caso de Tito fue especialmente importante, pues consiguió, críticas aparte, mantener unido un país como -Yugoslavia- desde la segunda guerra mundial hasta su muerte en 1980, en donde convivían las etnias que he detallado, absolutamente incompatibles entre sí. Pero, según parece, el odio es una característica humana que resiste el tiempo sin aplacarse y que puede reavivarse con una simple cerilla, mas en los Balcanes hay un enorme polvorín y muchos intereses en que vuelva a explosionar. Esperemos que no sea así, aunque la historia bebe a veces de sus propios espejos, congelados en el tiempo...