Bloques de hormigón en Gibraltar y algo más

En el verano de 2014 el ejecutivo del Peñón de Gibraltar lanzó al mar 70 bloques de hormigón en aguas de indubitable soberanía española en la bahía de Algeciras. Al margen de la aparente intención de perjudicar las actividades de los pescadores españoles, el hecho en sí significó un claro atentado a la soberanía nacional y, por lo tanto, a nuestra dignidad como nación. Han pasado casi dos años y ahí siguen los bloques sin que nuestro Gobierno haya reaccionado en absoluto ni haya hecho nada para enmendar tan deplorable y malintencionada actuación. Pero ¿siguen ahí todos los bloques? No. Todos menos uno; en efecto, en una audaz acción, no exenta de riesgos, hete aquí que de repente aparecieron unos valientes españoles que, sintiéndose ofendidos e inermes ante la falta de reacción oficial como consecuencia de la agresión británica, decidieron por su cuenta demostrar ese viejo adagio que dice “que si quieres puedes” y, en una laboriosa operación, reflotaron y remolcaron a tierra el citado bloque de hormigón. Casi dos años después, por supuesto, el Gobierno español sigue sin hacer nada, pero el bloque se encuentra a buen recaudo en una finca de Madrid. ¿Por qué no acudió la Guardia Civil o la Armada para impedir tal canallada durante su ejecución? ¿Por qué el Gobierno no defendió sus aguas territoriales? ¿Por qué no se mandó un barco a retirarlos? Parecen preguntas dignas de “Expediente X” y, es que, ¡lo son!

Sucede ahora queGibraltar ¿Quizás por lo que consideran una humillación?

Por mi parte sólo puedo expresar toda mi admiración y apoyo a estos dos españoles que no son otros que Santiago Abascal, presidente del partido VOX, y Javier Ortega, candidato al Senado por esta misma formación política en las últimas elecciones generales. Un partido político emergente que no obtuvo -hay que reconocerlo- mucho éxito en ellas. La política es ciertamente sorprendente, toda vez que si uno lee el programa electoral con el que dicho partido se presentaba a las elecciones y lo compara con el del PP, cuando este obtuvo la mayoría absoluta, observará pocas diferencias. Sabido es que VOX surgió ante la demanda de muchos militantes del Partido Popular molestos por el incumplimiento de la mayor parte del programa propuesto por este partido y es así que no habría sido de extrañar un resultado algo mejor que el obtenido; pero, amigo, en política el que domina los círculos financieros y los medios de comunicación acaba ganándose a la no muy bien informada población electoral. Y VOX sin apoyo de ningún tipo y ninguneado por los poderosos medios, especialmente el representado por el omnipresente y a veces molesto huésped de la televisión, que todos acogemos en casa, no podía esperar más que un milagro que, efectivamente, no se produjo. Y además nos encontramos, también, ante la debacle del propio PP que ha pasado de la mayoría absoluta a unos escasos 122 escaños que le impiden gobernar. ¿A qué se ha debido este fracaso? Muchas serán las razones, pero en mi opinión no ha sido debido a otra cosa que a la falta de decisión del presidente Rajoy, abrumado y obsesionado por la política económica -acción concreta que comparto-, pues probablemente no cabía otra opción que adoptar las duras, durísimas, medidas que le encargó a su superministro Montoro, dada la situación con la que se encontró al hacerse cargo del Gobierno. Cierto es que el talante del ministro no facilitó en nada la comprensión de la ciudadanía sobre lo que “se debía hacer” para tratar de afrontar la crisis económica que se cernía sobre Europa y sobre España en particular. Crisis negada tontamente por el anterior Presidente del Gobierno y cínicamente por su ministro de Economía Solbes, como luego él mismo reconocería.

Bien, aceptado que había que tomar una línea dura con la nación en materia de salarios, congelaciones y un largo etcétera, especialmente -como siempre- con la sufrida y paciente clase media, no hubo ni voluntad ni empatía alguna para explicarlo, pues Montoro, salvo simpático o cuanto menos prudente, admitía cualquier epíteto por parte de la gente normal. Sin embargo Rajoy fue incapaz de afrontar valientemente todo cuanto había propuesto en su plan de Gobierno, evidentemente incumplido. Intuyo que le ha faltado la gallardía de sus otrora comilitantes, Abascal y Ortega, ahora buscados por la justicia gibraltareña. Francamente no me imagino a Rajoy llevando a cabo personalmente una operación como la efectuada por estos, ahora, dirigentes de VOX. Y no sólo fue el asunto de Gibraltar; la lista de incumplimientos y desvaríos es larga y tozuda. ¿Qué necesidad había de poner en la calle en cuestión de escasos días a una serie de etarras “en cumplimiento” descabellado de la directriz europea? ¿Es que no se podría haber cuestionado, recurrido o demorado? ¡Por favor! Y está el asunto del aborto, donde se dio marcha atrás sobre lo anunciado, sólo por un tanteo de encuestas. ¿Tan poco vale la vida humana? Por si esto no fuera poco se montó (montó… ro) una amnistía fiscal -los eufemismos no colaron- a los mayores defraudadores del país, ante la atónita y repulsiva mirada de los ciudadanos cumplidores de sus obligaciones fiscales. ¡En plena aplicación de recortes y demás actuaciones sangrantes de la economía doméstica de la mayoría de la gente!

Todos estos errores “de bulto”, percibidos claramente por las personas comunes, parecen no haber sido admitidos como tales por los políticos del Gobierno. Y ya, como traca final, surgen los casos de corrupción, que supusieron el descabello final del malherido PP; sin embargo aquí no puedo sino aplicar con frialdad el inexistente pero fácilmente comprensible “análisis de corrupción comparada”, pues poniendo en un platillo de balanza todos los casos del PP y en el otro sólo los conocidos de la Junta de Andalucía, no habría quien pudiera sujetar este último brazo al nivel del primero. Sin embargo y curiosamente, apenas he oído nada de esto en la campaña electoral.
No recuerdo quién dijo que la diferencia entre un político y un estadista era que el primero gobernaba para el día a día -caso de Rajoy atendiendo sólo a lo económico y olvidándose de todo lo demás- y el segundo lo hacía pensando en la generación siguiente. A Rajoy en su partido tal vez le han faltado hombres decididos y valientes como Santiago Abascal y Javier Ortega hoy buscados por la justicia de Gibraltar. Y por cierto, al parecer, desde el Peñón citan ahora también, con intención de confiscarle el barco, al pescador que cooperó en la operación. Y, ¿qué hace nuestro hamletiano Gobierno? Me temo que poco o nada; o sea, más de lo mismo. Debe de ser -creo haberlo dicho alguna vez- que la política tiene razones que la razón no entiende.

Como militar no puedo más que admirar la audacia y la valentía y, por lo tanto, quede aquí constancia formal de mi respeto para estos dos españoles y a la “justicia” gibraltareña que le den dos duros. Tengo cierta sensación de soledad al tratar de hablar claro y llamar al pan pan y al vino vino y no sé si me está ocurriendo lo de aquel conductor que, circulando por una autopista en sentido contrario, se preguntaba extrañado por qué todos los demás iban al revés.

Pasaron los tiempos del Cid Campeador y, por lo que veo, los únicos que campan a sus anchas por la maltratada España (así se llama aún nuestro país) son los que transgreden la Constitución y bordean -cuando no pisan descaradamente- las leyes y las normas de convivencia pacífica que tanto nos costó conseguir… y tan poco cuesta olvidar.

  1. Víctor Alfonso García Olmo says:

    Don Luis. ¡ya nadie sabe quién fue Augias!. Nuestros gobernantes han eliminado todo atisbo de cultura de la enseñanza.
    Por otro lado, temo a Podemos, me parece de un leninismo de manual. ¡Otro al que nadie recuerda!.

    • Chesmaloli says:

      A Lenin claro suele recuerdan algunos. Incluso San Pablenin le ha copiado el estilo de afeitado.
      Recordar a Augias?
      Solo lis del bachillerato antiguo de letras, desgraciadamente.

      • Víctor Alfonso García Olmo says:

        PUes sí, ese es mi caso. Y supongo que el suyo. B.U.P. y C.O.U. desde 1981 hasta 1985 (repitiendo COU, las niñas me atrajeron más que el Griego)