Un gran canal en Nicaragua

Hace 25 años recorrí el río San Juan en Nicaragua y Costa Rica. Desde febrero de 1989 hasta febrero de 1990 formé parte del contingente de militares españoles integrados en la Organización de las Naciones Unidas en Centroamérica, ONUCA, quienes, a las órdenes del general español Quesada, teníamos como misión la verificación de los acuerdos de Esquipulas que ponían fin a la guerra que se libraba en Nicaragua entre los sandinistas y las guerrillas antisandinistas, la “Contra”, auspiciadas y apoyadas por los EEUU.

Una de las tareas principales consistió en la desmovilización y consecuente desarme de las milicias de “la Contra”. Para ello establecimos centros de desmovilización y unos puestos de verificación a lo largo de todo el territorio centroamericano y en concreto en la propia Nicaragua, donde se ubicaron la mayoría de ellos. En la zona sur de esta nación y lindando con Costa Rica, el entonces famoso Comandante Edén Pastora había constituido el que se denominó Frente Sur, una de las organizaciones más activas en la lucha contra el régimen sandinista.
La razón de la misión en el río San Juan, que desempeñé entonces, consistió en la localización de un lugar idóneo para el establecimiento de un puesto de verificación en las proximidades de dicho cauce y, por ende, elevar a mi General las necesidades logísticas inherentes.

El río San Juan tiene 200 km de longitud, nace en el gran lago Nicaragua y desemboca en el mar Caribe. La idea de construir un paso fluvial que uniera el Pacífico con el Atlántico es muy anterior a la de la construcción del actual canal de Panamá. Ya en 1524 Hernán Cortés, en una carta dirigida a Carlos V, exponía que “el que posea el paso entre los dos océanos dominará el mundo”. Es increíble pensar que con los medios limitados de aquellos tiempos se le pasara por la cabeza al gran conquistador de Méjico la hipotética construcción de un canal. Doscientos cincuenta años más tarde, en 1780, un oficial naval británico que luego sería famoso Almirante, Horacio Nelson, definió la importancia del lugar como estratégico para romper en dos el dominio español en América. Allí estuvo Nelson y participó infructuosamente en los ataques al castillo español de la Inmaculada Concepción, erigido allí por nuestros soldados.

Hoy, 500 años después de la idea de Hernán Cortés, se convierte en una realidad ya tangible la construcción de este canal que unirá el Pacífico con el Atlántico sumándose al ya existente de Panamá. Esta vía artificial de agua tendrá unos 280 km de longitud, casi tres veces y media la del de Panamá, y se calcula que por él podrá circular casi el cinco por ciento del tráfico mundial. Imaginen las ganancias potenciales que eso puede suponer y el desarrollo económico que podría experimentar Nicaragua. Se convertirá, así, en el canal más importante del mundo, superando al de Suez (163 km) y no digamos a los de Kiel (98 km) y Volga-Don (101 km).

Con origen en el Pacífico, atravesará el gran lago de Nicaragua y, cuando parecía que lo lógico hubiera sido seguir el curso del río San Juan citado, que era una de las alternativas posibles, no se hará así, sino que mediante una auténtica obra faraónica atravesará la selva para acabar en Punta Dorada en la costa atlántica.

Hace dos años, en junio de 2013, se constituyó un consorcio denominado “Hong Kong Nicaragua Canal Development” (HKND), propiedad del multimillonario de la “comunista” china -según para qué- Wang Jing. Con una inversión de 50.000 millones de dólares, se compromete a que el canal esté construido en el año 2019. Las obras comenzaron el 22 de diciembre del pasado año. Pese a que desde el propio consorcio se argumenta que la acción emprendida no tiene relación alguna con el propio gobierno chino, no son pocos los analistas que dudan de esta aseveración y ven la mano de Pekín detrás de este impresionante proyecto.

La creciente presencia de China en Hispanoamérica es creciente y prueba de ello son los 250.000 millones de dólares a invertir en la región en los próximos 9 años, recientemente aprobados por el presidente Xi Jinpin el pasado mes de enero y que se prevé se incrementen hasta los 500.000 millones en la década siguiente.
Al ver, la expansión china en la región adquiere un carácter escalofriante y sería del todo inocente el pensar que no iban a estar fuera de cuanto se está desarrollando respecto al nuevo canal. Una vía de agua fuera del control y supervisión del gigante del norte, los EEUU. La gran China de este siglo XXI mueve peones por todo el globo.

Hace veinticinco años recorrí el gran lago de Nicaragua, uno de los más grandes del mundo (8.624 km2), un lago de agua dulce y quizás el único donde hasta hace poco se encontraban tiburones (toro: Carcharhinus leucas, para los inquietos), hoy en gran parte desaparecidos por la pesca incontrolada, a consecuencia de la hambruna que la guerra propició. Del reconocimiento del río San Juan guardo buenos recuerdos. Lo hicimos en helicópteros y en embarcaciones neumáticas. La imagen de los enormes caimanes lanzándose al agua al oír el ruido de los motores no es fácil de olvidar sobre todo cuando en una ocasión vimos uno muy grande a escasos metros de nuestra embarcación con el peligro consiguiente de acabar todos en el agua. Aún recuerdo la cara pálida de un general canadiense, Douglas se llamaba, al ver las fauces del “lagarto” tan cerca.

Cuando recorrí el río la impresión que me causó la naturaleza salvaje no fue pequeña, pero mucho más lo es el pensar de lo que es capaz de hacer el hombre de hoy. Si todo sigue su ritmo en cinco años el sueño inalcanzable de Hernán Cortés y el frustrado del Almirante Nelson será realidad.

Pero no seremos españoles ni ingleses los que lo hagamos sino chinos de la China, claro, con una tienda en cada esquina, país a país, hagan ustedes cálculos. Habrá que ir modificando el término de colonización -que por cierto no deriva de Cristóbal Colón, sino de término romano colonus- e ir buscando alguno más en sintonía con el gran gigante asiático, que hace tiempo despertó, ¿tal vez confucianización?, no sé. Vivir para ver.