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Regresa la Doctrina Monroe y la guerra contra el narco

.
Rafael P. Palomo
09 de marzo, 2026

Una nueva arquitectura de seguridad está tomando forma silenciosamente en el hemisferio occidental y Guatemala está quedando fuera de ella.  

En perspectiva. En su centro se encuentra el recientemente anunciado Shield of the Americas —Escudo de las Américas—, una iniciativa liderada por EE. UU., a través del Departamento de Estado, que reúne a una coalición de doce países dispuestos a coordinar inteligencia, logística y potencialmente operaciones militares contra organizaciones criminales transnacionales.  

  • La importancia del proyecto radica poco en su diseño institucional; lo más importante es la señal política que envía. 

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  • Una parte considerable del hemisferio está ahora dispuesta a tratar el narcotráfico como una amenaza de seguridad regional que requiere el uso coordinado de la fuerza. 

  • Esto abre la puerta a operaciones como la que ya se ha visto en Ecuador, con misiones conjuntas en las que las capacidades estadounidenses se integran directamente en campañas locales contra la infraestructura de los carteles. 

Entre líneas. El precedente ya ha aparecido en Ecuador; como resultado de su particular guerra contra el narco, Noboa ejecutó un esfuerzo de seguridad conjunto que involucró inteligencia estadounidense, capacidades de vigilancia y coordinación operativa con fuerzas ecuatorianas; el mensaje general es que, cuando un gobierno aliado lo solicita, Washington está dispuesto a integrar capacidades militares en la lucha contra redes que operan como actores insurgentes de facto. 

  • Durante décadas, el narcotráfico fue tratado principalmente como un desafío de aplicación de la ley, gestionado mediante cooperación policial, tratados de extradición e intercambio de inteligencia. 

  • Hoy, los cárteles aparecen como entidades capaces de desestabilizar Estados, socavar fronteras y ejercer control territorial sobre amplias zonas del hemisferio. 

Visto y no visto. La Doctrina Monroe declaró originalmente al hemisferio occidental como un espacio de interés estratégico para EE. UU. Con el tiempo, evolucionó hacia un marco a través del cual Washington justificó intervenciones destinadas a estabilizar —o desestabilizar— gobiernos, proteger intereses económicos o contrarrestar a potencias rivales.  

  • El Shield of the Americas sugiere una modernización de ese principio. 

  • En lugar de contener imperios europeos o adversarios de la Guerra Fría, el objetivo ahora sería contener redes criminales transnacionales que comprometen la seguridad nacional de EE. UU. 

Sí, pero. No obstante, algunos de los países más cooptados por el narcotráfico están notablemente ausentes de la iniciativa. México, Colombia y Guatemala —todos nodos centrales en la producción o el tránsito de drogas— son socios políticamente poco confiables para Trump; además, protegen al narco dentro de sus fronteras. México sigue siendo el caso más sensible. Aunque el país es indispensable para cualquier estrategia a largo plazo contra los cárteles, su gobierno ha resistido una mayor participación militar estadounidense en su territorio. 

  • Colombia presenta un desafío distinto. Durante años fue el socio de seguridad más cercano de Washington en la región, pero el gobierno de Petro ha adoptado un enfoque menos confrontativo frente al narcotráfico. 

  • Guatemala, geográficamente, es un corredor inevitable que conecta las zonas de producción sudamericanas con los mercados de Norteamérica. Desde la perspectiva de Washington, la ideología de estos gobiernos complica la estrategia regional más amplia. 

Por qué importa. Su ausencia de la coalición apunta a una segunda vía dentro de la doctrina emergente. Allí donde los gobiernos estén dispuestos a cooperar, las operaciones podrían parecerse al modelo ecuatoriano —esfuerzos conjuntos realizados con el consentimiento del país anfitrión—. Por otro lado, allí donde los gobiernos se resistan o mantengan una posición ambivalente, EE. UU. podría recurrir a formas más unilaterales de presión, incluyendo herramientas económicas, operaciones de inteligencia e iniciativas de seguridad transfronterizas diseñadas para sortear a autoridades reticentes. 

  • El resultado es un paisaje hemisférico dividido entre espacios cooperativos y espacios contestados. 

  • En las zonas de cooperación, el Shield of the Americas ofrece un marco mediante el cual Washington puede proyectar poder con legitimidad política y proteger a dichos países. 

  • En las áreas más sensibles, donde sus propios gobiernos se alían con el narco y le protegen en detrimento de sus ciudadanos, la administración podría adoptar una postura más agresiva, como pasó en Venezuela. 

En conclusión. Si bien, la presión militar puede interrumpir redes de tráfico y debilitar la infraestructura de los carteles, estas organizaciones han demostrado históricamente una gran capacidad de adaptación, modificando rutas y estructuras cuando los gobiernos cierran determinados corredores.

  • Una coalición regional aumenta las probabilidades de ejercer presión sostenida en múltiples frentes, aunque también incrementa el riesgo de escaladas si las operaciones se expanden hacia territorios políticamente sensibles. 
  • Por ahora, Washington está dispuesto a tratar el narcotráfico como una amenaza estratégica y no como un problema criminal periférico. 

  • Si esa postura continúa endureciéndose, la Doctrina Monroe, durante mucho tiempo considerada un vestigio de otra época, podría estar regresando bajo una nueva forma. 

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Rafael P. Palomo
09 de marzo, 2026

Una nueva arquitectura de seguridad está tomando forma silenciosamente en el hemisferio occidental y Guatemala está quedando fuera de ella.  

En perspectiva. En su centro se encuentra el recientemente anunciado Shield of the Americas —Escudo de las Américas—, una iniciativa liderada por EE. UU., a través del Departamento de Estado, que reúne a una coalición de doce países dispuestos a coordinar inteligencia, logística y potencialmente operaciones militares contra organizaciones criminales transnacionales.  

  • La importancia del proyecto radica poco en su diseño institucional; lo más importante es la señal política que envía. 

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  • Una parte considerable del hemisferio está ahora dispuesta a tratar el narcotráfico como una amenaza de seguridad regional que requiere el uso coordinado de la fuerza. 

  • Esto abre la puerta a operaciones como la que ya se ha visto en Ecuador, con misiones conjuntas en las que las capacidades estadounidenses se integran directamente en campañas locales contra la infraestructura de los carteles. 

Entre líneas. El precedente ya ha aparecido en Ecuador; como resultado de su particular guerra contra el narco, Noboa ejecutó un esfuerzo de seguridad conjunto que involucró inteligencia estadounidense, capacidades de vigilancia y coordinación operativa con fuerzas ecuatorianas; el mensaje general es que, cuando un gobierno aliado lo solicita, Washington está dispuesto a integrar capacidades militares en la lucha contra redes que operan como actores insurgentes de facto. 

  • Durante décadas, el narcotráfico fue tratado principalmente como un desafío de aplicación de la ley, gestionado mediante cooperación policial, tratados de extradición e intercambio de inteligencia. 

  • Hoy, los cárteles aparecen como entidades capaces de desestabilizar Estados, socavar fronteras y ejercer control territorial sobre amplias zonas del hemisferio. 

Visto y no visto. La Doctrina Monroe declaró originalmente al hemisferio occidental como un espacio de interés estratégico para EE. UU. Con el tiempo, evolucionó hacia un marco a través del cual Washington justificó intervenciones destinadas a estabilizar —o desestabilizar— gobiernos, proteger intereses económicos o contrarrestar a potencias rivales.  

  • El Shield of the Americas sugiere una modernización de ese principio. 

  • En lugar de contener imperios europeos o adversarios de la Guerra Fría, el objetivo ahora sería contener redes criminales transnacionales que comprometen la seguridad nacional de EE. UU. 

Sí, pero. No obstante, algunos de los países más cooptados por el narcotráfico están notablemente ausentes de la iniciativa. México, Colombia y Guatemala —todos nodos centrales en la producción o el tránsito de drogas— son socios políticamente poco confiables para Trump; además, protegen al narco dentro de sus fronteras. México sigue siendo el caso más sensible. Aunque el país es indispensable para cualquier estrategia a largo plazo contra los cárteles, su gobierno ha resistido una mayor participación militar estadounidense en su territorio. 

  • Colombia presenta un desafío distinto. Durante años fue el socio de seguridad más cercano de Washington en la región, pero el gobierno de Petro ha adoptado un enfoque menos confrontativo frente al narcotráfico. 

  • Guatemala, geográficamente, es un corredor inevitable que conecta las zonas de producción sudamericanas con los mercados de Norteamérica. Desde la perspectiva de Washington, la ideología de estos gobiernos complica la estrategia regional más amplia. 

Por qué importa. Su ausencia de la coalición apunta a una segunda vía dentro de la doctrina emergente. Allí donde los gobiernos estén dispuestos a cooperar, las operaciones podrían parecerse al modelo ecuatoriano —esfuerzos conjuntos realizados con el consentimiento del país anfitrión—. Por otro lado, allí donde los gobiernos se resistan o mantengan una posición ambivalente, EE. UU. podría recurrir a formas más unilaterales de presión, incluyendo herramientas económicas, operaciones de inteligencia e iniciativas de seguridad transfronterizas diseñadas para sortear a autoridades reticentes. 

  • El resultado es un paisaje hemisférico dividido entre espacios cooperativos y espacios contestados. 

  • En las zonas de cooperación, el Shield of the Americas ofrece un marco mediante el cual Washington puede proyectar poder con legitimidad política y proteger a dichos países. 

  • En las áreas más sensibles, donde sus propios gobiernos se alían con el narco y le protegen en detrimento de sus ciudadanos, la administración podría adoptar una postura más agresiva, como pasó en Venezuela. 

En conclusión. Si bien, la presión militar puede interrumpir redes de tráfico y debilitar la infraestructura de los carteles, estas organizaciones han demostrado históricamente una gran capacidad de adaptación, modificando rutas y estructuras cuando los gobiernos cierran determinados corredores.

  • Una coalición regional aumenta las probabilidades de ejercer presión sostenida en múltiples frentes, aunque también incrementa el riesgo de escaladas si las operaciones se expanden hacia territorios políticamente sensibles. 
  • Por ahora, Washington está dispuesto a tratar el narcotráfico como una amenaza estratégica y no como un problema criminal periférico. 

  • Si esa postura continúa endureciéndose, la Doctrina Monroe, durante mucho tiempo considerada un vestigio de otra época, podría estar regresando bajo una nueva forma. 

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