Pon un libro en tu desayuno

Una de las cosas que más echo de menos desde que soy madre de dos niños es leer. En los últimos treinta años no he parado ni un solo momento de leer, siempre he enlazado un libro con otro. Lo que pasa es que ahora voy mucho más lenta, pues solamente tengo diez minutos al día para leer y estos diez minutos coinciden con el desayuno. Luego entro en un agujero negro del que salgo más o menos quince horas después.

Ya he dicho en muchas ocasiones que el desayuno es mi comida favorita del día y desde que se ha convertido forzosamente en el único hueco que tengo para disfrutar de un buen libro, pues, todavía más.

Hace unos meses di con la cuenta de Instagram de Petunia Ollister, seudónimo de Stefania Soma, una conservadora de bienes culturales italiana reconvertida al marketing editorial. Su proyecto #bookbreakfast mezcla comida y literatura de una forma voraz y muy apetitosa. No extraña que uno de los más importantes periódicos italianos haya decidido encargarle un consejo de lectura cada domingo en su suplemento cultural.

En cada instantánea, Ollister pone un libro sobre la mesa rodeándolo de un desayuno inspirado en él. El efecto final es muy homogéneo, tanto desde el punto de vista cromático como desde el punto de vista temático. Cada post además va acompañado de una sentencia extrapolada del libro en cuestión, lo que convierte esta cuenta en un auténtico anzuelo para los amantes de la literatura.

Sin embargo, la cuenta pretende dirigirse a un público bastante amplio, más amplio incluso que sus 17.000 seguidores.

“El formato #bookbreakfast nació hace dos años por casualidad” explica Petunia Ollister. “Libros reubicados en la cotidianidad de la mesa del desayuno, acuerdos cromáticos entre las portadas, las tazas, los platos, el fondo, los objetos. Así, la literatura se convierte en un gesto potente para nada elitista sino cotidiano, entrando en el timeline de personas que a lo mejor nunca pisarían una librería. La cultura de las cosas bonitas, buenas, de esos productos de óptima calidad que hacen que la vida sea mejor”.

Y ahí están. Ian McEwan, Stephen King, J.K. Rowling, Jonathan Safran Foer, una portada de The Newyorker. Libros y autores de altura atrapados en un desayuno siempre diferente y atractivo que no sabes distinguir si te entra más hambre de comida o de páginas de papel.

Sí, porque esta cuenta es a su manera también un homenaje al libro de papel, al libro que tocas, que te llevas en el metro, que se llena de polvo cada día obligándote a acariciarlo.

Al fin y al cabo, al libro que saboreas desde que ves la portada, que luego comes y digieres sintiéndote satisfecho. Sólo para que luego te entre hambre, todavía más hambre, otra vez.

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Imágenes: cortesía de Petunia Ollister