Seis trucos para hacer una buena pizza en casa

Que haga frío o haga sol. Que llueva o sople el viento, el domingo por la noche en mi casa se come pizza. Vale, en julio y agosto hacemos una pequeña pausa porque encender el horno con 40 grados no es precisamente una buena idea, pero el resto del año intentamos no saltarnos ni una cita con este manjar.

Hacer pizza en casa es muy sencillo. No tan sencillo como comprar una pizza congelada y meterla en el horno, pero casi. Las pizzas de las franquicias que entregan a domicilio en España ni si quiera las menciono. Yo tuve que aprender a hacer pizza a la fuerza con tal de no tragarme ese kétchup con queso rallado que llaman pizza.

Así que os animo a que hagáis pizza en casa, de vez cuando por lo menos. Hacer pizza en casa es muy hygge a mi parecer y aunque el resultado sea malucho las primeras veces, será vuestra pizza, con todas las cosas (o casi) que os gustan encima. Si no queréis piña, pues, nada de piña.

Lo primero que hay que hacer para hacer una buena pizza en casa es saber cuáles son vuestros límites. Yo no soy muy buena amasando, así que recurro a una vieja máquina de hacer pan que no sirve para mucho más que para amasar. Le echo todos los ingredientes (ver siguiente párrafo) y espero 14 minutos y luego la dejo crecer allí mismo. Si no tenéis máquina de hacer pan, un normal y corriente robot de cocina os puede sacar de apuros igual de bien. Eso sí, sustituyendo las laminas de cortar por las de amasar. Y si tampoco tenéis un robot de cocina, ¡manos a la masa!

Dejar crecer la masa como mínimo 3 horas, hasta que doble su tamaño original. Tiene que estar calentita como un bebé. El uso de mantas de bebé y los mimos están aconsejados.

Los ingredientes de la masa para dos o tres personas son: 200 gr. de harina blanca, 130 de sémola de trigo, 200 ml de agua (a veces, hace falta un poquito más, sobre todo por la sémola que “bebe” mucha agua. Si utilizáis sólo harina blanca, 200 ml de agua son suficientes), una cucharadita de azúcar, dos cucharaditas de sal, un chorro de aceite de oliva (opcional) y la justa cantidad de levadura para pizza en función de la cantidad de harinas. Esta es mi receta, hay otras mil igual de buenas o seguro que mejores.

El tomate. El tomate tiene que ser tomate triturado natural. Nada, repito, nada de tomate frito que es un plato elaborado y no un ingrediente. Si no es muy líquido, mejor.

La mozzarella. Como las mozzarellas de los supermercados suelen sacar mucha agua, mejor limitar los daños dejándolas secar un rato antes de echarlas a la pizza. Sacadlas del envoltorio, tirad el agua y ponedlas a secar en un plato en la nevera unas 8 horas antes. De vez en cuando id tirando el agua que sacan. De esta forma, una vez en el horno no empaparán la masa y no dejarán el horno hecho un desastre.

A partir de esta base se puede improvisar. Podéis echarle lo que queráis. Ahí no voy a decir nada. Aceitunas, alcachofas, jamón, huevo duro, albahaca, orégano. Sin tomate triturado, está muy rica la de mozzarella y patatas (hay que cocerlas antes), brócoli y salchicha y tomate cherry con mozzarella de búfala rúcula.

La fuente es fundamental. Existen fuentes de forma redonda con unos pequeños agujeros en el fondo que hacen que la pizza casera, hecha por cualquiera y en cualquier horno de piso de alquiler (como el mío), se parezca mucho a las pizzas al corte que venden en Italia. La cocción es un poquito más rápida -unos 30 minutos- y la base más crujiente abajo y más esponjosa arriba.

Ya me diréis qué tal.