‘Panna cotta’, el dulce perfecto para el verano

Este año el clima nos está mareando un poco, pero estando a lo que dice el calendario para que empiece el verano sólo faltan pocas horas. Eso significa que los golosos tenemos un problema.

No, no estoy hablando de la operación bikini (esa batalla hace tiempo que la hemos perdido). Estoy hablando de cómo autoproporcionarnos la misma dosis de dulzura sin pasar horas en la cocina, sin encender el horno y sin pasar de un helado a un polo y de un polo a un helado. Que todo aburre, aunque nos guste.

La panna cotta (separado, con dos “n” y dos “t”) es para mí el dulce perfecto para el verano. En primer lugar porque está frío, en segundo lugar porque se prepara en pocos minutos y con pocos ingredientes y en tercer lugar porque casi siempre implica un remate a base de fruta. Y en verano la oferta de frutas sabrosas es casi infinita.

Es cierto que este postre de origen piamontés que ha dado la vuelta al mundo convirtiéndose en un icono de la repostería italiana es un verdadero camaleón y se puede degustar en cualquier estación del año. Se puede preparar con nata, leche, vainilla y gelatina según su receta tradicional, pero también con queso fresco, mascarpone, yogur y hasta leche de coco.

De la misma manera se puede optar por una base neutra y por un coulis de fruta fresca para darle sabor o más bien dejar que el sabor y el color se cuelen en la receta desde el inicio como estas maravillosas panne cotte que propone La Cucina Italiana (una de pistachos y otra de frambuesa y vainilla con ruibarbo) o ésta de Martha Stewart con agua de rosas, frambuesas y lichis.

La receta

Pero vamos con la receta tradicional. Para mí, la mejor y la más sencilla es ésta de Il Cucchiaio d’Argento: primero se dejan en agua fría 10 gr de hojas de gelatina. Acto seguido hay que calentar, que no hervir, 10 dl de leche entera y una vez retirada la leche del fuego hay que añadirle las hojas de gelatina debidamente escurridas.

Luego en una olla, mezclar 1/2 litro de nata, 100 gr de azúcar y una vaina de vainilla. Sin dejar de mezclar y sin subir mucho el fuego, llevar a ebullición. Finalmente retirar del fuego, añadir la leche con la gelatina, echar la mezcla en un molde y dejar que se enfríe en la nevera durante al menos 4 horas.

Para el topping tenéis mil opciones: de los típicos coulis de frutos rojos-salsa de caramelo-salsa de chocolate a una salsa de avellana, Nutella o dulce de leche.

También se puede optar por repartir la mezcla en pequeños vasos, así no habrá que desmoldarla. Es más, éste es el truco número uno para los primeros intentos. Una panna cotta está bien hecha cuando aguanta su arquitectura sin mucha gelatina de por medio.

Como bien dice mi compañera Anna Mayeruna pannacotta mal hecha puede llegar a ser una gelatina de nata dulce y empalagosa, mientras que su virtud está en la cremosidad. De ahí que muchos le quitan mucha gelatina y la sirven en copa, asegurándose la cremosidad. Sin embargo para mi la perfección está en alcanzar la máxima cremosidad posible pero dejando que la pannacotta se aguante, aunque temblequeando, de pie”.

Fácil decirlo para una profesional como ella, pero difícil de conseguirlo. Igual las primeras panne cotte no serán perfectas, pero son tan fáciles de hacer que como mínimo serán agradables. Y un fracaso en la cocina nunca os parecerá tan dulce.