El restaurante al que todas quisiéramos ir

Lleva unos días rebotando por aquí y por allá un anuncio de una conocida marca de embutidos. En ese anuncio, unas mujeres –alguna de ellas muy famosas y siempre al borde de un ataque de nervios (o de risa)– acuden al único restaurante en el mundo donde se sirven platos libres de estrés.

Y es que la carta de Deliciosa Calma, ese es el nombre del restaurante en cuestión, ofrece a sus clientas (que no clientes) platos tan codiciados como “No le he hecho la cena a la niña, pero no le va a pasar nada si se la hace su padre al vapor”; “No pienso tener hijos ¿y qué?"; “Ravioli de no te digo yo lo que me importa estar perfecta después del parto al pepino” y para rematar “gazpacho sin nervios”.

En una semana, el vídeo del anuncio ha conseguido superar los dos millones de visitas y se ha hecho muy popular en las redes sociales. El motivo es bastante sencillo: está bien hecho y es fácil sentirse identificada en alguna de esas madres, trabajadoras, mujeres al fin y al cabo, acostumbradas a comer platos bien diferentes desde muy pequeñitas.

La cosa va de conciliación laboral por supuesto y de compartir las tareas dentro y fuera del hogar, pero sobre todo va de la oportunidad de hundir por una vez el tenedor con total libertad en el plato que más nos apetezca degustar. Sin estrés de ningún tipo, ni por la impresionante lista de tareas con la que nos levantamos (y que, digámoslo, se podría reducir a la mitad con un poco de buena voluntad y de ayuda), ni por la forma física, ni mucho menos por las expectativas que genera en la sociedad el simple hecho de haber nacido de un sexo o de otro.

Alguien dirá que tampoco es para tanto, que el anuncio no habla ni de deberes ni de derechos, que sólo es marketing. ¡Menuda intuición! ¡Pero si es un anuncio! La cuestión es otra: ¿Nos gustaría o no nos gustaría que existiera un restaurante así?

Sobre todo los que vivimos en las grandes ciudades, podemos pedir una pizza a cualquier hora del día, podemos ir a comer sushi normal, sushi-mediterráneo y sushi-de cualquier manera cuando nos dé la gana y comer una gran tortilla de patatas en cada esquina.

El único restaurante que falta, el único al que todas quisiéramos ir es ese restaurante imaginario (y no tan imaginario, pues se sortean invitaciones para comer en él en mayo y junio) donde el ingrediente estrella es más raro y más costoso que el caviar del bueno: la calma. A ver si a alguien se le ocurre abrirlo de una vez. Clientas no le faltarían. Millones de clientas.