¿Qué le doy de comer a mi niño?

Dar de comer a un bebé no es una tarea fácil. Es más. Creo que es lo más difícil a lo que me he enfrentado en mi breve vida como madre. Primero la gran encrucijada entre pecho y biberón en la que a las madres primerizas se nos va la vida las primeras semanas.

Luego la elección entre papillas y trozos. La dieta de un bebé pone a prueba a los padres, hasta se podría decir que ponemos el corazón entero en el plato. Cuando llega el momento de introducir los así llamados alimentos sólidos, hay quien opta por las papillas y quien por empezar por alimentos no triturados, acostumbrando poco a poco al niño a comer lo que comen los adultos (el así llamado baby-led weaning).

Yo opté por el enfoque tradicional –eso sí, nada de biberón para las papillas– y quizá tardé un poco más pero ahora mi niño, que tiene dos años y medio, come tranquilamente pasta asciutta (con salsa de tomate y parmesano), risotto con tomate, espárragos o calabacín, quiche de ricotta y espinacas, cous cous con pollo y verduras y judías verdes.

También le encanta que le cojamos en brazos y le demos a oler los botes de especias.

Que el producto sea fresco, que la dieta sea variada, que coma pero que a la vez vaya probando nuevos alimentos. Las variables son tantas a la hora de organizar una comida para un niño pequeño que a veces parece un rompecabezas. O por lo menos lo es para nosotros, al no tener a mano “flotadores” como los abuelos o los comedores escolares.

Y luego están las fases: durante un tiempo, mi hijo se volvió loco por la menestra de acelgas y las albóndigas con salsa de tomate. Ahora, no le nombres ni la una ni las otras. Para beber la leche de vaca tardamos unos tres meses, para comer un vasito entero de yogur cinco, nada menos. De la misma manera hay pasiones constantes, como los gusanitos (de maíz ecológico y sin sal), los cereales (a cualquier hora del día) y el arroz con tomate fresco.

Antes de empezar con los sólidos, hice una lectura muy útil, que recomiendo a todas las madres y padres antes de coger en mano una cuchara. El libro se llama 'Mi niño no me come' del pediatra y divulgador Carlos González y ofrece algunas pautas sobre cómo empezar a dar de comer a los niños. Siempre respetando la libertad de cada padre, el doctor González aconseja "pasar" de las papillas, por ejemplo, y dejar que los niños picoteen lo que les apetezca desde los 6 meses y siempre que sea apto para su edad. También recomienda no utilizar el biberón nada más que para la leche y, por encima de todo, no forzar al niño a comer. Un sabor a veces pueden costar meses y sobre todo hay que tener en cuenta que los niños tienen un "espacio limitado" que no entiende de gramos y milímetros.

Otro gran aliado en la crianza gastronómica de mi hijo ha sido la Babycook (y donde digo Babycook digo cualquier cachivache para cocinar alimentos al vapor). Es inútil hablar de las ventajas de la cocina al vapor –entre ellas la rapidez y la capacidad de “salvar” el sabor y la textura de los alimentos– sólo diré que al inicio utilizaba este electrodoméstico para triturar, ahora para hacer patatas, brócoli y judías al vapor, por ejemplo.

Hay muchos recetarios para la Babycook, como 'Babycook Book' que recoge 85 recetas dulces y saladas que acompañan al niño desde los pocos meses hasta los tres años.

Y luego está 'La Cuchara de Plata para Principiantes', una adaptación al público infantil y juvenil de las recetas del legendario recetario italiano La Cuchara de Plata. También se puede recurrir a la web de Il Cucchiaio d’Argento y buscar ideas en el apartado para niños.

Obviamente sólo se trata de pistas: a veces, lo de dar comer a un niño no va tanto del "qué", sino del "cómo": comer juntos y cuando sean un poco más mayores cocinar juntos es una gran ayuda para estimular el apetito de un bebé.

Pero no quiero dar consejos a nadie: aunque no lo parezca, los padres sabemos qué es lo mejor para nuestros hijos desde el minuto uno y somos capaces de encontrar soluciones creativas para todo . Y la comida no es una excepción.

 

Imagen: EFE/Lavandeira