¿Qué desayunan los romanos en Pascua?

A cualquiera que no sepa la que le espera, la pregunta puede parecer algo rara. ¿Qué suelen desayunar en Roma el domingo de Resurrección? La respuesta que se le ocurriría probablemente sería la de siempre: capuchino y cruasán o un café y algo dulce. Como aquí, vamos.

Pues no. El desayuno romano del día de Pascua es una de las peculiaridades gastronómicas más destacables de la Ciudad Eterna. Por la calidad, pero sobre todo por la asombrosa cantidad de las pitanzas.

A pesar de que en unas horas –recordemos que en Italia se suele almorzar sobre las 13 horas– todos estarán comiendo a más no poder con la familia reunida, ahora mismo los romanos están desayunando con huevos, embutidos, pan y hasta casquería.

En la mesa del desayuno pascual romano, de hecho, no pueden faltar la corallina, un salami de cerdo de color rojo vivo aromatizado con sal, pimienta, ajo y vino; la coratella, las entrañas del cordero (se suelen servir con alcachofas); la tortilla de alcachofas y finalmente, cómo no, los huevos duros, el plato más icónico de la Semana Santa.

Los embutidos hay que acompañarlos rigurosamente con la pizza al formaggio, un pan-bollo a base de harina, mantequilla, queso Pecorino y huevos.

Otro imprescindible de la mesa pascual romana es la así llamada pizza sbattuta, que no es una pizza, sino un bizcocho dulce alto y esponjoso que se puede mojar en café con leche o untar con mermelada y chocolate. En la práctica, es lo que le salva la vida a cualquiera que no sea lo bastante valiente como para cumplir con esta heroica tradición gastronómica o que simplemente no alcance todavía la mayoría de edad.

Para los niños (y no solamente para ellos) también hay huevos de chocolate y para beber café, leche y zumos.

El motivo de tanta abundancia en la mesa de los romanos a primera hora el día de Pascua es celebrar el fin de las restricciones culinarias de la Cuaresma. Y como en Roma todo lo hacen a lo grande, he aquí huevos, embutidos, pan y cordero a las 10 de la mañana.

Un desayuno para verdaderos luchadores de la mesa que sin embargo, por un día, está al alcance de cualquiera independientemente de la capacidad de aguante de su estómago. La tradición manda.

 

Imagen: Inprovo