Dulce Semana Santa

Huevos de chocolate, monas de Pascua, torrijas. No sé por qué se habla tanto de los excesos navideños y los de la Semana Santa nos parecen poca cosa. En realidad, la cantidad de dulzura que se nos cae encima en estas fechas es bastante superior a la navideña. Lo que pasa es que el festín dura menos tiempo.

En mi casa luego las cosas se complican ulteriormente, pues hay que hacer un hueco también para las especialidades italianas típicas de la Semana Santa: colomba (por así decirlo, la versión pascual del panettone-pandoro), pastiera napolitana (una base de pasta flora rellena de una mezcla de queso ricotta, azúcar, huevos, trigo y agua de azahar) y dulces de pasta de almendras. Así, tanto por juntar el norte, el centro y el sur del Bel Paese en un solo maratón dulce en fechas supuestamente austeras.

Este año voy a ponerme por primera vez a vueltas con la pastiera napolitana, ya que no puedo contar con la de mis padres. A ver qué sale. A mi marido, como es tradición, le tocará una minisesión de torrijas.

De las torrijas me gusta el hecho de que lleven dentro la idea misma de la resurrección. Me refiero al huevo, claro, pero sobre todo al hecho que este dulce le conceda al pan del día antes una nueva vida y al hecho de que obre un auténtico milagro gastronómico con ingredientes de andar por casa. Y luego ese olor a canela que podría resucitarte de cualquier sueño profundo.

Mi marido sigue la receta de su abuela Carmen, pero como no nos conformamos con las versiones caseras, también este año iremos a por las de Moulin Chocolat, una de las mejores pastelerías de Madrid, por lo menos para mí. Os animo a que las probéis: la receta se mantiene fiel a la tradición pero el resultado es, como es de esperar, de alta y divina pastelería.

Sin embargo, si sóis de los que prefieren lo casero al 100% pero no sabéis por dónde empezar, aquí os dejo el link a una videoreceta de torrijas de leche de mi estimado Monstruo de las Galletas. O más bien de las de su abuela. Ya sé que cada uno tendrá la suya (tanto de receta como de abuela), pero en caso de que os hayáis topado con la única abuela que no sabe hacer torrijas, este post es una óptima solución.

Si el problema no es la abuela ni la receta, sino la falta de tiempo y de habilidad en los fogones, tranquilos, siempre podréis confiar en un huevo de chocolate bonito, listo para comer y con sorpresa. Que a nadie le falte su dosis de dulzura en Semana Santa.